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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

GUERRA DE SUCESIÓN ESPAÑOLA: CAMPAÑAS MILITARES EN LA... 177 Por entonces, casi toda Cataluña estaba ya en manos de las tropas borbó-nicas y los restos del ejército austracista, formado principalmente por espa-ñoles, tan solo controlaba efectivamente Barcelona y Cardona69. Se evalúa la fuerza total austracista en 14.000 hombres, incluyendo la milicia urbana de Barcelona. El mando militar recayó sobre el general Villarroel, quien tuvo que conducir las operaciones con la constante intromisión de la Dipu-tación y del Consejo de Ciento barcelonés. Precisamente, a iniciativa de la Diputación y no del comandante en jefe se llevó a cabo una expedición a fin de reagrupar las fuerzas austracistas y llevar algún socorro a Barcelona. La lucha en el territorio catalán fue muy dura entre las partidas armadas de uno y otro signo, causando grandes estragos entre la población civil. Pero todas las tentativas de movilizar las poblaciones en contra de Felipe V y aligerar de alguna manera el cerco sobre Barcelona tuvieron poca fortuna. Solo a principios de 1714 la imposición de un subsidio para el mantenimiento de las tropas borbónicas produjo un alzamiento general en diversas comarcas catalanas, movimiento que no tuvo ninguna conexión con Barcelona y que acabó siendo sofocado gracias a la actividad de Bracamonte, Vallejo o Ca-rrillo. Por otro lado, el marqués de Poal70 y las partidas austracistas que se hallaban en torno a Cardona poco pudieron hacer frente a la vigorosa actua-ción de la caballería y dragones felipistas. Durante los primeros meses de 1714, las fuerzas borbónicas al mando del duque de Pópuli no eran lo suficientemente numerosas –unos 15.000 hombres– para asegurar el bloqueo de Barcelona y en ese tiempo pudieron introducirse en la plaza víveres y refuerzos enviados desde Mallorca e Ibiza, islas que permanecían leales al archiduque. La poca contundencia de los ataques sobre la ciudad y los socorros recibidos dieron nuevo ánimo a los barceloneses y afianzaron aún más la actitud de los intransigentes. Por otro lado, el emperador mantenía las comunicaciones con Barcelona y animaba de algún modo la resistencia con un lenguaje ambiguo por el que ofrecía «las asistencias que se hagan arbitrables a la posibilidad»71. Mientras tanto, la Diputación se había visto forzada a delegar las tareas de gobierno y la organización de la defensa en el Consejo de Ciento barcelonés, ya que la Cataluña austracista quedaba reducida a poco más que la Ciudad Condal. Tras la paz de Rastatt (marzo de 1714), los borbónicos trataron de nego-ciar la entrega de la ciudad, pero los defensores no estaban dispuestos a ren-dirse incondicionalmente a Felipe V. Solo le quedó al monarca la alternativa 69  Vid. LLAVE, Joaquín de la: El sitio de Barcelona en 1713-1714. Imprenta del Memorial de Ingenieros del Ejército, Madrid, 1903. 70  Antonio Desvalls Vergós, I marqués de Poal (1666-1724). 71  LLAVE, op. cit. pág. 106. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 149-182. ISSN: 0482-5748


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