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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

264 ANEXO 3 4.- Manifiestos del rey Carlos, el pretendiente, desde Portugal: Lisboa, 14 de marzo de 1704: «Como por la divina piedad hemos llegado a Portugal después de un penible y peligroso viaje que con sumo gusto hemos emprendido, habiendo querido más exponer nuestra real persona a diversos peligros manifiestos que permitir que nuestros amados súbditos de España quedasen por más tiempo bajo el yugo de la injusta esclavitud y tiranía que les oprime, por la usurpación e intrusión violenta del duque de Anjou y por la ambición del rey de Francia y de sus adherentes, hemos resuelto no sólo hacer valer nuestros justos derechos sobre la corona de España, a la cual las leyes divinas y de la naturaleza nos dan un justo título, pero también librar nuestros amados vasallos de la opresión que padecen y darles ocasión mientras es tiempo de salir de esta servidumbre y yugo insoportable, con que injustamente se hallan oprimidos. No dudamos, considerada la justicia de nuestra causa, que medi-ante la divina asistencia nos veremos en breve con nuestras fuerzas, unidas a las de nuestros aliados, restablecidos en nuestros justos derechos, y nuestros pueblos en su legítima libertad, prerrogativas y prístina felicidad. Confia-mos que la mayor parte de nuestros súbditos contribuirá gustosa a facilitar su libertad destronizando la tiranía y la usurpación. Y para animar mayor-mente nuestros amados vasallos a empresa tan justa, declaramos solemne-mente bajo nuestra real palabra que todos aquellos de nuestros súbditos que han sido forzados a tomar servicio con los enemigos contra nosotros, sea de grado o por fuerza, gozarán de nuestro perdón si vienen a nuestro servicio en el término de 30 días, contando desde el día que nuestras fuerzas entraren en las fronteras de España, y experimentarán los efectos de nuestra real gracia, según su grado y mérito. Pero si, contra lo que esperamos, pasado el término de treinta días, alguno de nuestros vasallos españoles, faltando a la fidelidad y obediencia debida a su legítimo soberano, se hallare armado contra nos en menosprecio de esta nuestra real declaración y persistiere en su rebelión y en servicio de los usurpadores franceses, de sus confederados y adherentes, será tratado como enemigo de su patria y como indigno de efecto alguno de nuestra real gracia. En cuanto a los que han tomado las armas contra nuestra persona, podrán quedar en su casa sin temor que se les cause la menor mo-lestia por nuestras tropas, ni en sus personas ni efectos. Y a fin que ninguno de nuestros soldados pueda alegar ignorancia, queremos que todos nuestros generales y oficiales comandantes cuiden cada uno en su respectivo mando no se ejecute la menor violencia a las iglesias, conventos, casas religiosas ni a otro alguno de nuestros súbditos en las marchas o contramarchas. Y si contra nuestra real voluntad algún oficial o soldado osase molestar o turbar


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