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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

28 ANDRÉS CASSINELLO PÉREZ Hasta aquí el relato de los vencedores, pero por desgracia la historia sue-le tener al menos dos visiones distintas, y el relato de los vencidos debe ser tan tenido en cuenta como el de los vencedores, máxime cuando trescientos años más tarde es imposible contrastar los hechos. Lallave en su historia no omite hacerlo, y Castellví en sus memorias, escritas durante su destierro en Austria, nos permiten conocer la otra versión sobre lo sucedido. Según Lallave, que reproduce pasajes del texto de Bruguera34, el 8 de agosto se había celebrado en Barcelona un consejo de guerra, al que asis-tieron junto a Villarroel los seis conselleres y varios generales y coroneles. El conseller en cap pidió su opinión a los asistentes. Villarroel expuso la in-minencia del asalto, pero expresó su confianza en rechazarlo a pesar de que «el estado de las tropas era aflictiva, la Coronela no puede soportar ya tanta fatiga, las brechas son importantes, las baterías muchas de ellas desmonta-das y en un estado lamentable, el ejército sitiador imponente, los medios de defensa muy efímeros y endebles». El día 1 de septiembre hubo nuevo consejo de guerra en Barcelona35, Villarroel dio cuenta del fracaso de los intentos del marqués de Poal y su convicción de que Barcelona no sería socorrida y que su pérdida era inevita-ble, pero insistió en el deber de defenderse hasta el último extremo. El 5 de septiembre deliberaron en Barcelona la Diputación y los Tres Comunes, que se dirigieron a Villarroel, como ya hemos dicho anteriormen-te, produciéndose la dimisión de este. Cuando se produce el asalto, los defensores se fueron replegando desde los baluartes ocupados por los borbónicos y reforzados en sus nuevas posi-ciones por las tropas que se encontraban descansando y ciudadanos que acu-dían al toque de somatén de la campana mayor de la catedral. Ya sabemos que Villarroel había dimitido de sus cargos, pero se creyó obligado a acudir y se presentó en la plaza del Born, donde conoció el estado de la defensa de la ciudad. Eran las 17,30 y los borbónicos ocupaban ya los tres baluartes de la Puerta Nueva, Santa Clara y Levante y acababan de ocupar el monasterio de Santa Clara y una parte de La Cortadura. En El Born, Villarroel se entrevistó con el conde de Plasencia, protector del Brazo Militar, quien le dijo que era hora de sacar la bandera de Santa Eulalia. A continuación Villarroel, con toda la caballería y la infantería que pudiera recoger, atacaría hacia Santa Clara. 34  LLAVE (de la): Pág. 150. 35  BRUGUERA: T. II, pág. 203. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 13-28. ISSN: 0482-5748


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