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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

EL EJÉRCITO EN EL MARCO INSTITUCIONAL DE LA NUEVA... 63 etc.), aunque posteriormente asumirán la defensa del orden y la seguridad pública en una evolución más que presumible: se trata de los Mozos de Escuadra, que se han convertido en una de las instituciones representativas de la Cataluña de nuestros días, lo cual no deja de ser una paradoja, ya que uno de los reyes más denostados por los catalanes fue el creador de una de sus instituciones más sólidas, a la que consideran genuinamente catalana y que se organiza a propuesta de un catalán partidario de Felipe V creador de una dinastía, los Veciana, muy vinculada a la institución y a la Monarquía borbónica. En Valencia, la Nueva Planta acabó con otra institución secular, los Ballesteros del Centenar, creados por Jaime I tras la conquista del reino, formados por cien individuos a los que encargó la escolta del pendón real y perseguir a los malhechores. A comienzos del siglo XVIII su número se había duplicado y se repartían por igual los ballesteros y los arcabuceros. La desaparición de los Ballesteros se compensó con la actuación de los Migue-letes o Miñones, soldados de tropa ligera, a los que se encomendó la lucha contra los fuera de ley –así eran considerados no solo los malhechores, sino también lar partidas armadas defensoras del archiduque Carlos, dependien-do del capitán general13. Por otro lado, en la nueva administración, a medida que se va definien-do, hay dos figuras militares que estaban llamadas a tener gran predicamen-to, que empiezan a definirse con Felipe V y a lo largo del siglo alcanzarán una gran definición y amplias facultades: se trata de los capitanes generales (que desplazan a los virreyes en los reinos rebeldes) y de los corregidores militares que se nombran para núcleos urbanos de la Corona de Aragón. Los capitanes generales14 (las Capitanías Generales –cuyo número os-cila de 10 a 12 a lo largo del siglo– serán las piezas claves de la organi-zación territorial) disfrutaron siempre de una enorme autoridad y desde la guerra de Sucesión irán acentuando su significación en la vida española, de modo que a fines de siglo el balance de su trayectoria no podía ser más concluyente: habían gobernado el país en paz y en guerra, los funcionarios civiles les estaban subordinados, los tribunales provinciales o Audiencias y Chancillerías los habían aceptado como presidentes, podían declarar el estado de sitio y asumir todos los poderes civiles y desde 1784 tenían ju-risdicción sobre los bandidos. 13  Todas estas cuestiones las tratamos detenidamente en un libro que actualmente tenemos en prensa en la editorial Actas: Policías y proscritos. Estado, militarismo y seguridad en España (1700-1870). 14  Vid. MERCADER, Joan: El segle XVIII. Els capitans generals. Vicens Vives, Barcelona, Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 55-86. ISSN: 0482-5748 1980.


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