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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

64 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ Por otro lado, en la corona de Aragón vamos a encontrar en el siglo XVIII unos corregidores, que vamos conociendo bien gracias15, sabemos que en su mayoría son militares y a las tareas propias de un corregidor unían las de gobernador militar en su distrito, se les nombraba de por vida y solo el rey podía removerlos; protegidos por el capitán general, podían prescindir del Consejo y de la Cámara de Castilla. Tal situación, auténticamente excep-cional, pero explicable en cierto modo bajo Felipe V, era normal a fines del siglo XVIII. Pues bien, capitanes generales y corregidores de la corona de Aragón hacen frecuente en el siglo XVIII la figura del militar administrador, con una gran autoridad y un poder enorme, protagonista de una ascensión espectacu-lar en el ramo administrativo: se puede decir sin exageración que la ascen-sión burguesa tiene su correlato en la ascensión administrativa y de poder que lleva a cabo la milicia, por lo que no debemos descartar que llegara un momento en que los militares consideraran que la vida política debería re-flejar la importancia adquirida por ellos en otros órdenes. Pienso que la raíz más honda del militarismo decimonónico puede ser lo que acabo de señalar. El nuevo Ejército Con una guerra en puertas con posibles derivaciones imprevisibles –como luego los hechos demostraron–, resulta lógico que Felipe V se plan-teara la reforma y mejora de los recursos militares disponibles. La empresa no era fácil: los nuevos ejércitos son caros, exigen un potencial demográfico y su costo se multiplica por la necesidad de contar con tropas de tierra y una potente marina que protegiera la América española. Pero si la empresa no era fácil, sí se presentaba como urgente. Por eso, el reformismo borbónico –uno de los elementos referenciales del siglo– es muy precoz en el caso del Ejército, como lo demuestran las Ordenanzas de Flandes de 1701, que son una traducción de las ordenanzas francesas y las ordenanzas que menudean hasta 1734, actividad que algunos consideran necesaria para una moderni-zación general de nuestra milicia y que otros califican lisa y llanamente de afrancesamiento. 15  Vid., por ejemplo, los trabajos de GIMÉNEZ, Enrique: «Militares en la administración te-rritorial valenciana del siglo XVIII», en CREMADES, Carmen (ed.): Estado y fiscalidad en el Antiguo Régimen. Universidad de Murcia, 1988; «Los corregidores de Alicante. Perfil so-ciológico y político de una elite militar», en Revista de Historia Moderna. Anales de la Uni-versidad de Alicante, núm. 6-7, 1987 y Militares en Valencia (1707-1808). Los instrumentos del poder borbónico entre la Nueva Planta y la crisis del Antiguo Régimen. Alicante, 1990. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 55-86. ISSN: 0482-5748


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