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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

66 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ nuevos regimientos empezaron a denominarse con nombres de las ciudades o provincias donde estaban destinados, desapareciendo las anteriores denomina-ciones con los nombres de los maestres de campo y se estableció una especie de protocolo basado en la antigüedad de los regimientos, dando preeminencia al más antiguo sobre el más moderno; en principio, la antigüedad se determinó en 1707 y luego, en 1718. En cuanto a la caballería, los regimientos creados en 1704 estaban forma-dos por una docena de compañías y en 1707 cambiaron su nombre por el del lugar donde se encontraban destinados, como había sucedido con la infantería. En ambas armas se creó el cargo de director general. Durante la guerra hubo 46 regimientos de caballería, lo que suponía una fuerza de 18.000 hombres; en 1714 se redujeron a la mitad encuadrando a 10.000 caballos. La Artillería no tiene existencia independiente hasta 1710, en que la orde-nanza de 2 de mayo crea el Estado Mayor de Artillería y el Regimiento Real de Artillería; aquel lo formaban los oficiales que servían en ella, además del personal técnico-administrativo; el regimiento se componía de 2.310 soldados mandados por 130 oficiales y estaba dividido en tres batallones. El cuerpo de Ingenieros militares tuvo un origen parecido a la Artillería, pues Bedmar aconsejó a Felipe V su formación bajo el modelo francés, siendo nombrado ingeniero general de los ejércitos, plazas y fortificaciones el inge-niero flamenco Jorge Próspero Verboom en 1710; bajo su inspiración empezó la organización de los ingenieros, cuyo plan general fue aprobado el 17 de abril de 1711, por el que se le encomendaban las tareas propias de este cuerpo respecto a fortificaciones, acuartelamientos, almacenes, puertos, costas y su mantenimiento. En cualquier caso, no podemos dudar que se pretende una reforma de in-dudable amplitud, pues al mismo tiempo que se emiten medidas de alcance general para toda la milicia –las ordenanzas generales– se cuidaba también la organización interna de las armas y cuerpos, incluidas las Milicias Pro-vinciales. Y si la reforma se presentaba como muy necesaria para Felipe V, la guerra de Sucesión fue el laboratorio para decantarla, aunque en ella los rasgos esenciales del Ejército del Antiguo Régimen no iban a ser alterados: el Ejército está al servicio del rey, no es un Ejército nacional; se exige una férrea disciplina y una obediencia ciega; disfruta de un fuero o jurisdicción especial; la oficialidad es fundamentalmente aristocrática y la tropa se reclu-ta entre los componentes del Tercer Estado por tres vías: voluntariado, quin-tas y levas19. Por otra parte, con Felipe V los objetivos de nuestro Ejército 19  Vid., por ejemplo, BORREGUERO, Cristina: El reclutamiento militar por quintas en la España del siglo XVIII. Orígenes del servicio militar obligatorio. Valladolid, 1989. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 55-86. ISSN: 0482-5748


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