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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

70 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ especiales, etc. y se seleccionará a partir de las pruebas de nobleza que son el instrumento esencial de tal selección. Sin embargo la condición aristo-crática resulta difícil de determinar a través de las hojas de servicio por la falta de fijeza en la aplicación de los términos empleados en el apartado ca-lidad: se ha señalado que indican procedencia nobiliaria los términos buena, cadete, ciudadano, caballero, conocida, distinguida, hidalgo, hijodalgo, hijo de oficial, ilustre, infanzón, noble y notoria24. En otros casos, se limitaron a noble, caballero, notoria, conocida, hidalgo, hijodalgo, distinguida, buena y ciudadano25. Pero se han contabilizado hasta 160 términos a este respecto en las hojas de servicios del siglo XVIII26, si bien en el último tercio del siglo se simplifican bastante, utilizándose por lo general como términos que implican nobleza los de noble, conocida, buena, hidalgo, hijo de oficial, caballero, dis-tinguida, ilustre, notoria y ciudadano, al tiempo que para designar los de pro-cedencia del tercer estado se utilizan soldado de fortuna, honrada, labrador, plebeyo, humilde, se ignora; según los datos que poseemos, casi cuatro quintas partes de la oficialidad eran nobles, un porcentaje concluyente del peso de la nobleza en el mando de la tropa.27 Por lo que respecta al ejército permanente, hasta 1722 con la Real Re-solución sobre el nombramiento de cadetes, de 12 de marzo, no arranca claramente el proceso de aristocratización, pues las plazas se reservaban ex-clusivamente a los nobles, autorizándoles a valerse de sirvientes para todas las faenas que realizaban los soldados y que no eran propias de la nobleza (centinelas, llevar los caballos al agua o a los pastos, ni limpiarlos, etc.). Preservar la significación del cadete y la exigencia de las condiciones socia- 24  CADENAS Y VICENT, Vicente: «La hoja de servicios de los militares como prueba de nobleza», en Hidalguía, núm. 39, 1960 y Apuntes de nobiliaria y nociones de genealogía y heráldica, Madrid, 1960, pág. 85. 25  Así han opinado tanto OCERIN, Enrique de: «La nobleza en las hojas de servicio de los militares», en Hidalguía, núm. 30, 1958, pág. 803, como PALACIO Y DE PALACIO, José María, prologuista de la obra del autor anteriormente citado Índice de expedientes matrimo-niales de militares y marinos que se conservan en el Archivo General Militar (1761-1865), Madrid, 1959; t. I, pág. XX. También OTERO ENRÍQUEZ, Santiago: op. cit., pág. 16. 26  ANDÚJAR, Francisco: Los militares en la España del siglo XVIII. Universidad de Granada, 1991, págs. 137-154. 27  «El proceso de aristocratización de la institución militar durante el siglo XVIII adquirió tal intensidad, que la exclusión de la vida militar de todos aquellos que no hubiesen justificado su nobleza se acabaría convirtiendo en una pauta de conducta irreversible para el grupo nobiliario que controlaba el poder dentro del Ejército. La permeabilidad de los empleos para los no nobles fue cada vez menor. El Ejército se transformaría en el decurso del siglo XVIII en una institución de exclusivo carácter nobiliario, cerrada sobre sí misma, e infranqueable para todo aquel individuo ajeno al estamento noble. La política borbónica de ennobleci-miento de la milicia obtuvo como resultado no ya la plena incorporación de la nobleza sino lo que es más, la formación de un auténtico estamento militar identificado con el estamento nobiliario». Ibidem, pág. 157. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 55-86. ISSN: 0482-5748


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