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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

EL EJÉRCITO EN EL MARCO INSTITUCIONAL DE LA NUEVA... 71 les para ingresar como tal, contenidas en la Instrucción de 26 de agosto de 1745, será preocupación constante posteriormente y en las Ordenanzas de 1768 así se recuerda, creándose además la figura del «soldado distinguido» para dar cabida al incremento de vocaciones militares aristocráticas; eran plazas destinadas a los hijos de capitanes que no hubieran alcanzado plaza de cadete siendo nobles pero soldados, permitiéndoles no pasar por cabos ni sargentos para ser abanderados y que puedan optar como los cadetes a los empleos de subteniente. La prioridad y superioridad dada a la condición aristocrática hacen que las demás circunstancias de la vida militar queden supeditadas al origen social; la posibilidad de ennoblecerse a partir del empleo de capitán hace del Ejército un medio de promoción social que favorece a un 12% de los capitanes, que llegaron a la nobleza por su empleo, pero era una nobleza vitalicia, que no po-dían transmitir ni dejar en herencia28. En líneas generales, se puede decir que los principales aportes de efectivos a la oficialidad proceden de los hidalgos y caballeros, que ocupan los empleos inferiores, mientras que la nobleza titu-lada hace lo propio en los empleos de los oficiales generales desde brigadier a capitán general (este último es casi coto cerrado de la nobleza titulada con un índice de ocupación de estos puestos de un 92,6% en el siglo): son nobles titulados que reciben estos empleos como premio o recompensa y constituyen una auténtica elite de poder: en 1711 eran 150. Las pautas para ascender quedaban establecidas en la Ordenanza de abril de 1702, que dejaba abierta la posibilidad de ascenso a los procedentes del Tercer Estado, si se distinguen por su valor y conducta, estableciendo ocho años de servicio para ascender de soldado a sargento; para la totalidad de los empleos de la oficialidad el criterio de ascenso fundamental era la antigüedad, reservándose el rey la exclusividad de los nombramientos desde coronel hacia arriba, pero por el decreto de 10 de febrero de 1704 se reservaba el rey el nom-bramiento de cualquier empleo de la oficialidad. La Ordenanza de 12 de julio de 1728 mantenía la misma tónica, exigiendo para llegar a sargento además de los ocho años de servicio, saber leer y escribir. Después del empleo de sargen-to, ya no eran requisito los ocho años de servicio y aunque no se establecían criterios claros, parece imponerse la antigüedad, criterio que prevalecería en las disposiciones siguientes, incluidas las Ordenanzas de 1768. Sin embargo, la aplicación práctica de las normas y méritos exigidos para cada empleo acabaría por producir desigualdades y discriminaciones que en-turbiaron la vida de las unidades, debido a los complejos intereses y ocultas 28  Lo que lleva a Mariano MADRAMANY Y CALATAYUD, en su Discurso sobre la nobleza de las armas y las letras, Madrid, 1790, a definirla como «nobleza adquirida» (pág. 69). Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 55-86. ISSN: 0482-5748


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