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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

72 ENRIQUE MARTÍNEZ RUIZ intenciones existentes, pues las ternas de propuestas para ascenso seguían el conducto reglamentario ascendente desde el capitán o el coronel al rey; cada una de las instancias intermedias hacían sus propias valoraciones sobre los candidatos y podían llegar a cambiar el sentido inicial de la propuesta, en la que el primero era el más antiguo. Dadas estas circunstancias, las reclama-ciones al rey fueron muy frecuentes. Hay que tener en cuenta también, como elemento perturbador del mecanismo normal de los ascensos las promociones masivas, que podían producirse por los más variados motivos: inicio de un rei-nado, desposorios reales, nacimiento de infantes, campañas afortunadas, etc.29. Además también estaba el sistema de compra de patentes o del empleo, que practican coroneles y capitanes, adquiriendo las de su unidad y vendién-dolas según su conveniencia30. La venta de empleos militares –como la de los otros empleos y cargos– fue práctica habitual en el siglo XVIII, que en la mili-cia se prolonga a lo largo de todo él. La venalidad de cargos militares discurría por tres procedimientos: •  La venta directa de un empleo a todo el que pagara los precios fijados, lo que permitía que individuos sin haber estado en el ejército se con-virtieran en capitanes y hasta en coroneles. •  Un individuo realizaba una contrata o asiento con el rey por la que se comprometía a reclutar un cierto número de individuos a cambio de unos despachos de oficiales firmados en blanco por el rey, que eran vendidos por el contratista y con su beneficio realizaba la recluta o los repartía entre sus allegados, que así iniciaban una carera militar en la oficialidad sin la menor preparación. •  La tercera vía, heredada de los tiempos anteriores, se refería al levan-tamiento de unidades nuevas para reforzar al ejército, procedimiento por el que un particular corría con todos los gastos (recluta, arma-mento y vestuario) a cambio del nombramiento de coronel y nom-bramientos de oficiales firmados en blanco. Se utilizó a lo largo de todo el siglo, desde los primeros años de la guerra de Sucesión hasta la guerra de los Pirineos (193-1795), cuando se realizaron las últimas operaciones venales del siglo. Otro factor a tener en cuenta en los ascensos eran los méritos profesionales, que si eran excepcionales podían anteceder a la antigüedad, pero las caracte-rísticas de idoneidad específicas apenas sí pesaron, de forma que nunca fueron mérito suficiente para que los ascensos se concedieran en función de ellos, así 29  Vid., entre otros, TERRÓN PONCE, José L.: Ejército y política en la España de Carlos III. Ministerio de Defensa, Madrid, 1997, págs. 43 y ss. y 61 y ss. 30  Sobre este tema, ANDÚJAR CASTILLO, Francisco: El sonido del dinero. Monarquía, ejér-cito y venalidad en la España del siglo XVIII. Marcial Pons, Madrid, 2004. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 55-86. ISSN: 0482-5748


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