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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

90 JUAN LUIS SÁNCHEZ MARTÍN párrafo central del breve esbozo, que es una inferencia de su autor, está libre de error. Pero fue el tercero el que inmediatamente captó mi atención porque apenas podía creer, incluso confirmadas las fechas de las promociones, que una carrera como la suya fuera posible en la historia de nuestras fuerzas armadas. Sin duda, debía de constituir un hito que había que explorar e intentar explicar. No mucho después, supe que cuando ascendió a teniente general de los reales ejércitos tenía 35 años, una edad a la que no pocos hi-dalgos linajudos alcanzaban una simple capitanía. Desde esa perspectiva, el tema cobraba tintes extraordinarios y aseguraría mi dedicación a la tarea de desentrañar tan singular carrera. Sin embargo, a medida que prosperaba la investigación, comparada la suya con otras coetáneas, el móvil primitivo perdió fuelle. Por fulgurante que parezca, la carrera de don Miguel no estableció ningún récord, ni siquie-ra en los anales militares del reinado de Felipe V, ni por la brevedad de su tránsito desde el empleo de maestre de campo o coronel hasta el de teniente general, ni tampoco por la edad que tenía al alcanzar la última graduación. Aunque la investigación realizada no haya sido del todo exhaustiva, creo poder afirmar que la carrera más veloz entre los militares borbónicos de la guerra de Sucesión sería la de D. Baltasar Victorino de Moscoso, hijo del conde de las Torres y marqués de Navamorcuende por su matrimonio, que tardó 6 años y 7 meses en ser promovido desde el empleo de coronel de un regimiento de caballería (4.V.1703) hasta el de teniente general (15. XII.1709). Le seguiría muy de cerca el francés Claude Abraham de Tubières Grimoard du Pestels, Marqués de Caylus, que empleó 7 años y 4 meses en dicho recorrido (desde 28.I.1702 a 1.VI.1709), ocupando el tercer lugar D. Pedro Antonio de Zúñiga-Sotomayor y Castro, segundogénito del XI duque po, t. II, Zaragoza, 2000, pág. 132, aunque identifica correctamente por el nombre al hermano de Miguel, III conde de Robres y XII Barón de Sangarrén, entre otros títulos, le atribuye el empleo de mariscal de campo, y de gobernador de Teruel, que fueron de su hermano Miguel, aunque el conde –que no fue militar– recibiera el gobierno de Huesca. Pero la nómina de con-fusiones entre ambos hermanos, que compartían el nombre de Miguel –Bernardo Miguel el conde; Miguel José, el sanjuanista– es más extensa. VARGAS-ZÚÑIGA Y MONTERO DE ESPINOSA, Antonio: «La sublevación de Cataluña. Antecedentes de unos títulos del Reino», en Hidalguía, año V, 1957, núm. 23, pág. 557, fue de los primeros que dieron el título condal a nuestro biografiado y siendo tan eximio genealogista y académico de la RAHE (también fue marqués de Siete Iglesias), tuvo muchos epígonos; de ahí que el error siga persistien-do, incluso en trabajos recientes. Tales son los casos de SERRA I SELLARÉS, Francesc: «Els germans Picalqués, destacats militars manresans de la Guerra de Successió», en Dovella núm. 106, 2011, pág. 28, y de VV. AA., «La Guerra de Sucesión en Ibdes y su comarca», en Investigación y Patrimonio en la provincia de Zaragoza, vol. II, 2010, pág. 177, que beben en la contaminada fuente del Dr. Andújar aunque este, a esa fecha, había enmendado ya el error en un trabajo posterior: «Nobleza catalana al servicio de Felipe V: La Compañía de Granaderos Reales», en Pedralbes, núm. 27, 2007, pág. 303. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 87-148. ISSN: 0482-5748


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