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REVISTA HISTORIA MILITAR EXTRA II 2014

92 JUAN LUIS SÁNCHEZ MARTÍN sobre todo en Flandes y en Italia, que fue donde primero se decantó, por vía de conquista, la victoria del rival. Basta echar un vistazo a la Liste der österreichischen Feldmarchälle (1540 bis 1909),5 para ver cómo esta se co-lorea con apellidos españoles, italianos y belgas desde 1701. Refiriéndonos únicamente a los primeros, allí hallamos a César, marqués del Vasto, a Juan de Cabrera, a Francisco Colmenero, al marqués de Taracena, a Fernando Pignatelli, a don Antonio, conde de la Puebla, etc. Y ello sin olvidar que los citados fueron los que alcanzaron el pináculo de la carrera militar imperial; es decir, el grado equivalente a capitán general en España o mariscal de Francia allende los Pirineos, porque de examinar un listado equivalente de los Generalleutnant, que no constan en el documento consultado, podría más que triplicarse la nómina anterior. Naturalmente, tales hechos exacer-baron la desconfianza del monarca, y de la influyente camarilla francesa que le rodeaba –los Orry, Amelot, Louville, la princesa Ursini, etc.–, igual de atentos y vigilantes en recompensar los méritos, por insignificantes que fueran, que a castigar también los posibles desvíos de conductas al menor indicio de sospecha. Así el capitán general del ejército y comisario general de la infantería y caballería de España, frey D. Francisco Bernabé Fernández de Córdoba y Figueroa (1657–1721), hijo del Duque de Feria, fue privado de su empleo por no salir de Madrid cuando entró en la villa el archiduque Carlos la pri-mera vez (25.VI.1706), pese a que un R.D. del día anterior había dispuesto que quienes no pudieran abandonar la Corte continuaran sirviendo sus em-pleos en ella durante la ausencia real.6 También este militar podía blasonar de una carrera muy superior a la de la media, pues desde que obtuvo el empleo de maestre de campo (1680) hasta que ascendió a maestre de campo general (1695, luego homologado al de teniente general) mediaron 15 años, aunque más rutilante fue su discurrir por el generalato, que alcanzó en 1691 (general de la Artillería del Estado de Milán) y sublimó 10 años más tarde con el ascenso a capitán general (21.XII.1701). La inquina que le cobró Fe-lipe V no se aplacó con su expulsión del Ejército (1710), esta vez motivada por haber besado la mano al archiduque con ocasión de su segunda entrada en Madrid. Cuando la Orden militar de San Juan –única que no controlaba– concedió a D. Francisco la bailía de Lora, la segunda dignidad de la Orden en el priorato de Castilla y León, después del gran prior, el rey apeló al Papa, suprema autoridad de dicha Orden, que por medio del tribunal de la Rota 5  Separata del Streffleurs militärische Zeitschrift, 1909, sin paginar. 6  Juan C. Saavedra Zapater: «Entre el castigo y el perdón. Felipe V y los austracistas de la Corona de Castilla, 1706-1715», en Espacio, Tiempo y Forma, Serie IV, H.ª Moderna, tomo 13, 2000, pág. 479. Revista de Historia Militar, II extraordinario de 2014, pp. 87-148. ISSN: 0482-5748


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