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MEMORIAL CABALLERIA 74

Historia Empleo Táctico y Operaciones Orgánica y Materiales Noticias del Arma Varios 99 DOCUMENTO penas se retiraban. Circularon las órdenes oportunas, y a los cinco minutos galopaban en su auxilio el 2.º escuadrón, dos secciones del 4.º, pues el resto lo tenía de servicio, y una del 1.º que regresaba de la aguada, todos al mando del teniente coronel Primo de Rivera, perdiéndose de vista envueltos en espesa nube de polvo. Tengo la seguridad de que todos los corazones latían con violencia. ¿Llegarían a tiempo? Ya se veía la vanguardia de la columna. Llegaban algunos heridos, conducidos en mulos o en brazos de sus compañeros. Poco a poco fue cesando el fuego. Me acerqué a los heridos: algunos se quejaban lastimosamente; otros, en cambio, daban muestra de gran entereza; pero todos ellos coincidían en decir lo mismo: ¡Si no llega la caballería no sé qué sería de nosotros! Amable lector, ya podrás suponerte la emoción que experimentamos los que tenía-mos la suerte de pertenecer a aquella caballería; nos miramos unos a otros, y una sonrisa de íntima satisfacción, de orgullo, frunció nuestros labios. A lo lejos, una nube de polvo que iba agrandándose poco a poco; después, unos puntos negros diseminados que se acercaban rápidamente; luego, los jinetes de Alcántara, que llegaron al galope sonrientes, satisfechos de haber salvado de un peligro a sus hermanos de armas. “¡A tierra!”. Una escena emocionante se desarrolló entonces a nuestra vista: los soldados que formaban las columnas socorridas abrazaban, agradecidos, a sus compañeros de a caballo y vitoreaban frenéticamente a su heroico jefe, a Primo de Rivera, cuyo sola presencia levantaba el ánimo e infundía valor. -Señores –dijo el teniente coronel a la una aproximadamente de la tarde–: a disponer los escua-drones, pues salimos a proteger un convoy de camiones que están atacando. A los diez minutos escasos, el regimiento estaba formado en la explanada frente al campamento y se daba la orden de marcha. El 5.º escuadrón de flanqueo, por la derecha de la carretera, hacia Uestía; el 4.º, en cabeza, y a continuación, el 3.º, las ametralladoras, el 1.º y el 2.º, respectivamente. Al trote avanzaban los escuadrones, atravesando aquel terreno lleno de pequeños barrancos, propicios para traidoras emboscadas, en dirección al Igan, sitio donde se decía había sido atacado el convoy. La gente iba animosa, reflejándose en su cara el deseo de encontrarse al enemigo, pronta a echar mano al sable, enardecida por los triunfos de la mañana. Próximo a Uestía el 5.º escuadrón, rompió el fuego sobre el enemigo con poca intensidad y desde las primeras ondulaciones de los Ke-latchas. Desplegaron el 5.º y el 4.º, y al galope ocuparon las lomas que dominaban por la izquierda el Igan, generalizándose el fuego en aquellos momentos. Disparaban los rifeños con gran intensidad, causándonos gran número de bajas en hombres y caballos. Sorprendidos ante este imprevisto tiro-teo, certero por la poca distancia a la que disparaba el enemigo, parapetado en las lomas de enfren-te, quedaron los escuadrones indecisos; pero Primo de Rivera, haciéndose dueño de la situación y galopando de una a otra sección como si lo hiciera por una pista de concurso, lanzó un “¡Viva Espa-ña!” enérgico, enardecedor, que devolvió los ánimos. “¡Adelante!”. Y los jinetes de Alcántara, sable en mano, con sus oficiales al frente e insensibles al fuego espantoso que los acribillaba, cargaron con entusiasmo contra el enemigo, que falto de tiempo para retirarse, aguantó aquel alud poderoso, irresistible, que le diezmaba. Mas como era numeroso y estaba hábilmente distribuido en toda la zona, continuó el fuego implacable y mortífero. Tras esta primera carga empezó el repliegue de los escuadrones bajo la protección del de ame-tralladoras, que al galope avanzó, colocando las máquinas en posición; y haciendo fuego con gran precisión, aunque también con gran número de interrupciones por la calidad del material, permitió su rápida concentración, haciendo disminuir en gran parte la intensidad del fuego enemigo. Organizadas, pues, nuevamente las fuerzas, y ya con la misión de proteger la retirada de Dar- Drius que empezaba a evacuar la columna, siguió la lucha épica, grandiosa, única en los anales de la caballería; rodeados de enemigos por todas partes, era necesario quedar dueños de las sucesivas lomas de la derecha de Dar-Azugaj si se quería que la protección de la columna fuese lo más eficaz posible, y por eso, ciegos ante el poderoso enemigo y alentados por un honroso sentimiento patrióti-


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