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MEMORIAL CABALLERIA 74

Historia Empleo Táctico y Operaciones Orgánica y Materiales Noticias del Arma Varios 107 DOCUMENTO incluso estuvo encadenado con él. Analizar y evaluar la actuación del general Navarro durante el repliegue excede del espacio asignado a este artículo; en todo caso, ya lo hizo, y bien, su defensor en el consejo de guerra, Rodríguez de Viguri12. De todas formas, debió quedarse en Dar Drius, aun-que, comprobada la lentitud y en qué condiciones llegó el refuerzo peninsular a Melilla, no se pue-de afirmar que hubiera podido resistir hasta ser auxiliado. Tanto Navarro, como Silvestre y Berenguer eran excelentes profesionales y jefes de prestigio; lo habían demostrado en numerosas ocasiones. Abandonados por los sucesivos gobiernos, fueron vícti-mas, como sus soldados, dicho en palabras de los generales Burguete y Cavalcanti, del sistema ele-gido para la ocupación del territorio, que había sido reiteradamente denostado por el general Goded. “Los luctuosos sucesos de Melilla” se han utilizado para reclamar reformas contra el Ejército. Ningún profesional que se precie se opone a las reformas, pero, tanto hoy como ayer, les gustaría que fueran para que funcionen las ametralladoras, cañones y vehículos13, para que las plantillas se completen, para que se lleven a cabo los programas de instrucción, para disponer de los medios necesarios que permitan montar las cadenas logísticas y estas funcionen con efectividad y para que los soldados tengan equipos adecuados. Por último, es imprescindible que una vez recibida la misión, se deje al Ejército llevarla a cabo sin limitaciones o condicionamientos ajenos a la situación que perjudiquen su cumplimiento en los términos establecidos. De esta forma, sería muy difícil que ocurriera un nuevo Desastre. 12 Rodríguez de Viguri, Luis. Madrid, 1924. 13 Hay constancia de que, en una de las primeras unidades que fue a Bosnia-Herzegovina, un BMR tenía el cañón de su arma principal en reparación. Los numerosos servicios obligaron a utilizar el citado vehículo con profusión. Para ello pu-sieron como cañón un palo de escoba y la funda del arma bien cerrada para disimular. Los soldados, con humor, apodaron al BMR con el nombre de “el manso”. ¿Hicieron bien el capitán de la unidad y el teniente de la sección en ordenar el em-pleo del vehículo, así como el sargento o cabo primero jefe del mismo en cumplir sin dudar las misiones encomendadas? En pequeño, es una repetición de las condiciones de Annual. En Bosnia salió bien y solo se cuenta como anécdota, pero es un asunto que debía analizarse con detenimiento.


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