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MEMORIAL CABALLERIA 74

Historia Empleo Táctico y Operaciones Orgánica y Materiales Noticias del Arma Varios 149 DOCUMENTO PALABRAS DE AGRADECIMIENTO A S. M. EL REY Palabras de agradecimiento a S. M. el Rey D. Juan Carlos I por la concesión e impo-sición de la Corbata de la Cruz Laureada Colectiva de San Fernando al Estandarte del Regimiento de Caballería Alcántara 10, pronunciadas en el Patio de la Armería del Palacio Real en Madrid a 1 de octubre de 2012, por el coronel de caballería D. Juan Luis Sanz y Calabria. Majestades, altezas, excelentísimas autoridades civiles y militares, excelentísimas e ilustrísimas dignidades de la Real y Militar Orden de San Fernando, excelentísimas e ilustrísimas dignidades de la Real y Militar Orden de Alcántara, excelentísimas e ilustrísimas señoras y señores, oficiales, suboficiales y tropa, señoras y señores. Es un gran honor para este regimiento el haber podido rendir su estandarte ante vos para recibir la Corbata de la Cruz Laureada Colectiva de San Fernando en el marco de este palacio real y acom-pañados en esta solemne ceremonia por vuestra familia, autoridades y amigos. Tras una existencia plena de participación en combates y campañas, el regimiento se trasladó a Melilla en 1911, pasando sus escuadrones a guarnecer posiciones en el campo desde un primer momento. Su vida allí era dura y alejada de toda comodidad. Llegó 1921, tras 9 años de protectorado, cuando una de sus provincias, el Rif, que desde siem-pre se han rebelado al sultán de Marruecos amenazó con una insurgencia a la autoridad española. En el intento de pacificar las cabilas y calmar la situación, fallaron los planes y comenzó una ofensiva que sublevó a las harcas progresivamente contra las unidades españolas hasta que se de-rrumbó el frente y comenzó una retirada sin orden y en tropel. Es entonces cuando surgió el Regimiento de Cazadores de Caballería Alcántara 14, cuya tropa no perdió la confianza en sus mandos y cuyos mandos siguieron al frente de sus soldados. Ninguno abandonó. No perseguían ninguna recompensa. En su ánimo de caballeros, conscientes plenamente del final que les esperaba, y enfrentándose a él en cada acción, en cada carga, en cada golpe de sa-ble; durante varios días, sin apenas comer ni beber por el ritmo de las operaciones; sin poder prestar los cuidados que sus caballos necesitaban, exhaustos bajo el sol ardiente de julio en los llanos del Rif; solo buscaron proteger de una muerte segura y cruel a sus compañeros de armas que protagoni-zaban una retirada que ellos no comprendían.


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