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MEMORIAL CABALLERIA 74

Historia Varios Noticias del Arma Orgánica y Materiales Empleo Táctico y Operaciones 158 HISTORIA SOBRE LAS ACTUALES UNIDADES DE CABALLERÍA Y SU POSIBLE ADSCRIPCIÓN A LOS INSTITUTOS HISTÓRICOS Jesús Martínez de Merlo coronel de Caballería (reserva) En un intento de recuperar las tradiciones de la caballería, algunas unidades están otorgando títulos honoríficos a personas o instituciones por su especial relación con las mismas, por lo que renacen los dragones, húsares, lanceros y cazadores. Podríamos plantearnos el interés en recuperar las denominaciones de esos Institutos por parte de nuestras unidades. Para poder determinar la conveniencia de volver a otorgar a los regimientos del arma las viejas denominaciones de los institutos se podrían establecer varios criterios: – Una diferenciación de misiones tácticas. – El mayor periodo de tiempo de cada regimiento en cada instituto. Diferenciaciones tácticas Aunque ha habido diferentes periodos históricos en que las unidades de caballería añadían a su denominación la “especialidad” correspondiente de su instituto, el mayor periodo de tiempo en que tales denominaciones estuvieron vigentes fue el comprendido desde 1844 hasta 1931. Sin embargo en todos ellos podemos apreciar que, en general, no hubo diferencias de empleo táctico entre los diferentes Institutos. No lo fue en el primer periodo que podemos considerar entre 1805 y 1823. Aunque la caballería estaba organizada en línea y ligeros, y dentro de los ligeros los institutos de húsares y cazadores, tales denominaciones eran más una aspiración a ser diferentes en el campo de batalla que una rea-lidad diferenciadora de empleo táctico. No podemos dejar de reflejar que independiente de la caballería estaba el arma de dragones, que en estos tiempos sí que tenían una clara diferenciación táctica. Eran unidades que se movían a caballo pero combatían a pie en formaciones de infantería. Por ello era arma diferente, aunque ya en la época considerada comenzaban a integrarse mentalmente en la caballería pues se llegó al caso de que, tras 30 años de servicio, un coronel de dragones afirmaba que solo en tres ocasiones había combatido a pie. El hecho de que en la guerra de la Independencia cumplían idénticas misiones nos corrobora la impresión de que en el campo de batalla no eran diferentes. Parece que cualquiera que fuera la clase de regimiento (incluso dragones), la primera fila se dotaba de lanza, si era posible. A pesar de la gran cantidad de regimientos creados y que elegían instituto “al gusto” de su coronel, no hubo grandes unidades exclusivas de algún instituto como brigadas o divisiones de lanceros o de húsares o de cualquier otro tipo. En el siguiente periodo (1824-1844) la caballería volvió a ser simplemente de línea y ligera, a pesar de la excepción del Regimiento de Húsares de la Princesa. A pesar de estas denominaciones el arma principal volvía a ser la lanza, aunque ningún regimiento tuviera tal denominación. A partir de 1844 entramos en el gran periodo de expansión de los institutos, pero de los pri-meros 30 años –entre 1844 y 1875– no podemos decir más que no es posible obtener conclusión alguna. Cada dos años se variaba de denominaciones y de numeraciones de la caballería por pasar sus regimientos de un instituto a otro. Eran cuestiones de elitismo, de uniformidad, los que según mi opinión primaban entre ellos. Llegamos al siguiente periodo que, con excepciones como la recreación de los Dragones en 1895, fue el registrado desde 1875 hasta 1931. Quizá es a partir de finales de siglo e inicio del


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