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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 130

FRANCISCO VELASCO HERNÁNDEZ Pero esta paz era contradictoria o incompleta, pues la actividad bélica, aunque de forma intermitente, se mantenía imperturbable en la frontera marítima con el Islam. Es más, en esos momentos se vivía la «segunda edad de oro» del corsarismo argelino, que puso en jaque constante a las poblaciones costeras e impidió seriamente la navegación en el Mediterráneo occidental y en el área del Estrecho, constituyendo un serio problema que, lejos de resolverse, empeoró con los años. La presión del corso berberisco en el litoral murciano (1598-1621) Cuando Felipe III accede al trono, en 1598, el litoral murciano sufría un acoso constante del corsarismo argelino, que había arreciado desde la década de 1580, sobre todo cuando cobró protagonismo entre los miembros de la taifa de arráeces de Argel Murat Raïs, conocido por los cristianos con el nombre de Morato Arráez (1). Este intrépido personaje fue el responsable de las campañas más devastadoras sufridas por las costas del reino de Murcia entre 1585 y 1605. Está documentada su participación directa en algunas algaradas como la de 1585 contra Mazarrón, el desembarco de 1587 en Portmán (Cartagena) y otras muchas acciones en 1594, 1595, 1596, 1599, 1600 y 1601 (2). De hecho, la persistencia de los ataques de Morato sobre el litoral del Sureste llegaron a provocar que el Rey Felipe II ordenase en 1595 su persecución desde Cartagena con las galeras de España, persecución que no tuvo el éxito esperado. En 1601 y 1602 organizó dos campañas terroríficas contra las costas del sureste español. En la de 1601 una escuadra de cinco galeotas «gruesas», auxiliada por seis bergantines, se adueñó totalmente del espacio litoral situado entre los cabos de Gata y La Nao, bloqueando y desabasteciendo los puertos de Alicante y Cartagena y sembrando el terror en los pequeños pueblos pesqueros de su ámbito. Esta escuadra había partido de Argel a finales de septiembre y se trasladó a la isla de Santa Pola, que se convirtió en su guarida durante cuarenta días. Desde esta isla atrapó varias embarcaciones, además de saquear el pueblo de Callosa, donde tomaron cautivos 34 cristianos viejos, entre ellos 11 niños y algunas mujeres (3). Posteriormente se trasladaron a la isla Grosa con la intención de tomar el caserío de El Algar (Cartagena), pero el mal tiempo se lo impidió, al igual que (1) WOLF, john B.: The Barbary Coast. Algiers under the Turks, 1500 to 1830, Nueva york, 1979, pp. 181-182; BONO, Salvatore: Corsari nel Mediterraneo. Cristiani e musulmani fra guerra, schiavitù e commercio, Milán, 1997, pp. 30-31, y GOSSE, Phillip: Los corsarios berberiscos, Madrid, 1973, pp. 59-60. (2) FERRÁNDIZ ARAUjO, Carlos: El milagro de Almazarrón en el contexto del corsarismo mediterráneo, Cartagena, 1995; GRANDAL LóPEZ, Alfonso: «Un ejemplo de incursión corsaria por la costa murciana: el desembarco de Morato Arráez en Portmán en octubre de 1587», en Cuadernos del Estero, núm. 11-12 (1996-1997), pp. 168-175, y Archivo Municipal de Cartagena (AMC), Cabildos de 5-1-1594, 4-11-1595, 3-11-1599, 29-7-1600 y 15-9-1601. (3) REqUENA AMORAGA, Francisco: El corso turco-berberisco en la gobernación de Orihuela (siglos XVI- XVII). Elche, 2001, pp. 245-246. 10 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 130


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