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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 130

FRANCISCO VELASCO HERNÁNDEZ parte de la escuadra de Morato Arráez, que se cebó durante ese año y el siguiente con el litoral murciano (25). El cabildo cartagenero, muy molesto con el desplante del conde de Buendía, escribió al padre fray Gaspar de Córdoba, confesor del Rey, informándole de ello para que lo hiciera extensivo al monarca (26). Pero lo normal es que hubiera colaboración entre el Concejo y los cabos y capitanes generales de las galeras: el 26 de noviembre de 1604, por ejemplo, la ciudad aportó una fragata armada para ir descubriendo por delante las calas y surgideros de la costa a la escuadra de galeras de España en su persecución de tres galeotas berberiscas (27). Las galeotas corsarias «gruesas» (aquellas de más de 20 bancos) eran con diferencia las embarcaciones más dañinas en el litoral, por eso se les perseguía a la menor ocasión en que aparecían las escuadras de galeras cristianas. En junio de 1608 escribía desde Almería al Rey el capitán general de la escuadra española comunicándole que había salido en busca de dos galeotas (de 22 y 23 bancos), que suponía estaban despalmando en las islas Habibas, y que tenían previsto asaltar la costa murciana, por lo que salía a perseguirlas hasta Cartagena y a la isla Grosa, «su ladronera» (28). Tres años después, en 30 de noviembre de 1611, otras dos galeotas gruesas, que habían sido descubiertas en Águilas, fueron asediadas por las seis galeras de España que se encontraban fondeadas en el puerto de Cartagena, sin que sepamos su desenlace final (29). El 20 de noviembre de 1613 Cartagena acogió con júbilo la llegada del príncipe Enmanuel Filiberto, hijo de duque de Saboya, y capitán general de las galeras de España. Su llegada no pudo ser más oportuna pues el 2 de diciembre envió tres de sus galeras a cargo del capitán jorquera a dar caza a una saetía corsaria que había capturado una embarcación mercante catalana. Las tres galeras partieron a media noche y al amanecer se presentaron por sorpresa en la isla Grosa donde apresaron la nave berberisca, con 24 turcos a bordo, cuatro ingleses renegados y un español, natural de Córdoba, que se sospechaba era también renegado (30). Apenas un mes después, volvieron a salir de nuevo cuatro de sus galeras en persecución de dos saetías corsarias, consiguiendo tomar una y embarrancar otra. La mayor parte de sus tripulantes —unos 70 hombres— saltaron a tierra, por lo que se organizó una rápida expedición para buscarlos en el campo y atraparlos (31). La estancia de las otras escuadras aliadas, como la de Génova, también coadyuvaba en la lucha anticorsaria. Así, el 21 de febrero de 1615 el cabildo (25) VELASCO HERNÁNDEZ: «La razzia del corsario Morato Arráez...», pp. 83-102. (26) AMC, Ac. Cap. 1598-1602, cab. 11-XII-1601. (27) Ibídem, 1601-1605, cab. 26-XI.1604. (28) AGS, GyM, leg. 711. (29) AGS, GyM, leg. 759. El concejo cartagenero aportó una barca armada para que fuese por delante reconociendo las calas y fondeaderos de la costa de poniente. AMC, Ac. Cap. 1610- 1612, cab. 30-XI-1611. (30) AGS, GyM, leg. 783. (31) AMC, Ac. Cap. 1613-1614, cab. 28 y 29-XII-1613. 16 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 130


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