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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 130

FRANCISCO VELASCO HERNÁNDEZ gran celeridad a la hora de actuar, pues se perdían horas preciosas desde que llegaba el aviso del guarda de la costa y la salida definitiva de la expedición de castigo. En esas horas, los corsarios tenían tiempo suficiente para esconderse en otro lugar apartado y, llegado el caso, enterrar en una fosa el bergantín y sus aparejos, de manera que no podían ser descubiertos (41). Pero en junio de 1609 la expedición organizada desde Cartagena sí tuvo éxito. El día 31 de mayo tuvo conocimiento el Concejo de dos bergantines corsarios que se hallaban en cabo de Palos, donde habían cautivado a dos pastores. Estos mismos bergantines habían conseguido en los días pasados tomar una barca de pescadores y asaltar una saetía en la costa de Lorca y otros daños que las fuentes omiten. De madrugada partieron con la máxima celeridad tres barcas armadas de Cartagena, y viendo que los corsarios no estaban en el cabo de Palos continuaron hasta la isla Grosa, donde hallaron «señales frescas de auer estado en ella los moros». Decidieron continuar la expedición hasta la isla de Santa Pola y al amanecer descubrieron a los dos bergantines, los cuales se pusieron en huida, comenzando una persecución de más de 15 millas hasta que alcanzaron a uno de ellos, con el que pelearon cuerpo a cuerpo hasta reducirlo. En la refriega murieron varios moros y fueron capturados otros dieciséis y dos cristianos cautivos (42). Curiosamente estos dos bergantines habían desembarcado gente la noche anterior a una legua de Alicante y las guardas de esa ciudad los habían descubierto. La salida de las milicias tras ellos sorprendió a cuatro de los corsarios, pero el resto consiguió embarcar de nuevo (43). En enero de 1611 se produjo la «cabalgada» más polémica de todas. El origen de esta tuvo lugar el 31 de diciembre, cuando en el último cabildo del año el capitán y regidor Nicolás Bienvengud informó sobre una carta que el también regidor de Lorca, Martín Leonés, le había enviado avisándole de la presencia de un pequeño bergantín corsario de 11 bancos, que había cautivado tres cristianos en esa costa. Le proponía el capitular lorquino que saliese tras él con tropas de Cartagena y algunos barcos armados. Vista la carta en el Concejo cartagenero, se acordó que «atento la buena hermandad y correspondencia que siempre han tenido esta ciudad y la de Lorca, y porque esta uaya siempre en aumento y se conserue...», que el propio capitán se pusiese al frente de un bergantín y dos barcas armadas y fuese en busca de la embarcación enemiga. El día 1 de enero partió la expedición hacia Cala Blanca, donde había sido divisado el bergantín la primera vez, pero lo hallaron en la cala del Hornillo (en el actual Águilas) y allí lo atacaron al abordaje, resultando heridos un sargento y tres soldados cristianos, mientras que por parte musulmana murieron dos personas (44). En el acto fueron liberados cinco cristianos (41) Ibídem n. 39. (42) AMC, Borrador de correspondencia al rey y otras autoridades, carta 136. (43) Archivo de la Corona de Aragón (ACA), Consejo de Aragón, leg. 604. (44) RUIZ IBÁñEZ, josé javier, y MONTOjO MONTOjO, Vicente: Entre el lucro y la defensa. Las relaciones entre la monarquía y la sociedad mercantil cartagenera (Comerciantes y corsarios en el siglo XVII). Murcia, 1998, p. 129. 20 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 130


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