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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 130

LA LUCHA ANTICORSARIA EN EL LITORAL MURCIANO DURANTE EL REINADO DE... ocasiones, aunque esta vez no institucionales, sino provocados por otro capitán, Luis García, que se puso al frente de una de las fragatas sin ser nombrado para ello. Como vemos, los celos entre los capitanes de las compañías locales eran muy comunes, aparte del lógico interés económico, pues la captura del bergantín podía reportar un pingüe beneficio. Finalmente la hueste cartagenera salió al amanecer del día 20, bastante temprano, pues el moro huido había declarado que sus compañeros le esperarían hasta primeras horas de la mañana. Pero no fueron dos fragatas, sino solo una, ya que, según declaró el capitán Sepúlveda, no pudo esperar más tiempo a la otra. Con ella llegó en primer lugar a la playa del Portús y allí no lo halló. Continuó hasta cabo Tiñoso donde lo encontró por la tarde, iniciando una persecución que no finalizó hasta las diez de la noche, cuando le alcanzaron a cuatro leguas mar adentro. Según el propio capitán, lo abordaron «de solo a solo, peleando y rindiéndolo », pero según el proveedor de armadas de Cartagena, lo tomaron sin ningún tipo de lucha. Además del bergantín, capturaron 13 personas que iban en su interior y más tarde se apresó a su capitán, que había quedado en tierra buscando al moro que había puesto de guardia en la montaña (52). Esta vez no hubo ningún tipo de controversia institucional, incluso el Rey se apresuró a conceder a los que habían participado en la cabalgada el quinto real, para que fuese repartido entre todos ellos. El problema de las presas y su reparto Como hemos podido ver, no hubo prácticamente ninguna «cabalgada» que no provocara un sinfín de polémicas, abusos de poder por parte de las autoridades e intentos de sacar beneficio particular de las presas, aunque no se hubiera participado directamente en ellas. Hemos de tener en cuenta que un esclavo joven, en buen estado físico, como se supone que debían estar esos corsarios, alcanzaba un valor medio en el mercado de unos 150 ducados, toda una pequeña fortuna de entonces (53). Por ello debemos entender la insistencia, por un lado, del adelantado del reino, del corregidor y de otras autoridades militares en traer a los esclavos a Murcia, Mula o Vélez-Blanco, so pretexto de tomarles declaración, y el miedo del Concejo de Cartagena, por otro, de que una vez salidos los berberiscos de la ciudad ya no retornasen y se apropiasen de ellos las citadas autoridades. La fuerza moral y legal del Concejo cartagenero para defender a sus vecinos de esos abusos y arbitrariedades se la daba el fuero otorgado a la ciudad en 1241 por el Rey Fernando III el Santo, el llamado Fuero de Córdoba, que fue ampliado en enero de 1246 con la regulación de las presas hechas en (52) AMC, Ac. Cap. 1618, cab. 19 y 23-VI-1618. (53) VELASCO HERNÁNDEZ, Francisco: «El tráfico de esclavos en Cartagena en la encrucijada de los siglos XVI al XVII», en Cartagena Histórica, núm. 9, 2004, pp. 40-48. Año 2015 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 23


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