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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 130

FRANCISCO VELASCO HERNÁNDEZ corso, la posesión de las salinas y otras mercedes (54). La fiscalidad regia sobre las capturas realizadas en el mar gravaba de forma variable y oscilaba entre cinco maravedíes para las barcas de 10 a 20 remos hasta el 30 por 100 en el caso de navíos grandes. Era el llamado quinto real, que en otro privilegio posterior los monarcas castellanos acabaron también concediendo a los vecinos de la ciudad; privilegio que no se ha conservado, pero al que se agarraba siempre el Concejo para justificar la pertenencia a los vecinos de Cartagena de los esclavos capturados en las expediciones anticorsarias. La primera cabalgada con éxito de este período, la protagonizada por el capitán Nicolás Garri a comienzos de marzo de 1600, ya tuvo una controversia inicial con el joven marqués de los Vélez. Luis Fajardo Requesens, cuarto marqués, había alcanzado la mayoría de edad en 1594 y desde ese momento se empeñó en recuperar el control de los cargos y oficios hereditarios de su casa, que habían sido ejercidos durante su niñez por los corregidores del reino, lo que se tradujo en constantes enfrentamientos con los corregidores y principales cabildos murcianos (55). Uno de los puntos conflictivos fue precisamente la concesión de patentes de corso y las expediciones predatorias a Berbería (56). Aprovechando las competencias jurisdiccionales que tenía en ese aspecto, nada más conocer la cabalgada hecha por el capitán Nicolás Garri, escribió al Concejo de Cartagena ordenando que se le enviaran los esclavos y renegados tomados en el bergantín para tomarles declaración. El Concejo le respondió el 18 de marzo señalándole que: «en aquestos esclauos, ni en los que se tomó en el vergantín, la çibdad no tiene parte ninguna por ser de los vecinos las cavalgadas, conforme al privilegio questa çibdad tiene dello, y así de presente están a cargo del capitán y la justicia para hacer repartimiento entre las personas a quien toca y por estar como están heridos los esclauos no se an vendido... que con dificultad se pueden poner en camino, y si corre algún riesgo la brevedad, y Su Sª fuere servido que acá se les tome alguna declaraçión por la justiçia, se hará con todo secreto, y si todavía Su Sª gustare se lleven enviándolos a pedir a la justicia y capitán, se le enviarán estando sanos los que aquí están, porque el renegado tiene el Santo Oficio en Murcia, y enviando Su Sª persona que se los lleve de confianza, a quien se le entreguen, con palabra de Su Sª que los bolverán, para que se haga el repartimiento entre los vecinos que se hallaron en ello» (57). (54) AMC, armario 1, cajón 2, núm. 10, y armario 1, cajón 1, núm. 1. (55) LOMAS CORTÉS, Manuel: «El marqués de los Vélez y el desarme de los moriscos de Murcia (1601-1605)», en Manuscrits, núm. 28, 2010, p. 46; y RUIZ IBÁñEZ, josé javier: Las dos caras de Jano. Monarquía, ciudad e individuo. Murcia, 1588-1648, Murcia, 1995, pp. 265-267. (56) RUIZ IBÁñEZ, josé javier, y MONTOjO MONTOjO: op. cit. (Comerciantes y corsarios en el siglo XVII.) Murcia, 1998, pp. 135-144. (57) AMC Ac. Cap. 1598-1601, cab. 18-III-1600. 24 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 130


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