Page 30

REVISTA DE HISTORIA NAVAL 130

LA LUCHA ANTICORSARIA EN EL LITORAL MURCIANO DURANTE EL REINADO DE... Pero como existían también otras variables, caso de las presas procedentes de cabalgadas organizadas por los Concejos litorales o por los propios vecinos e incluso las conseguidas de naves corsarias naufragadas en la costa, el Rey decidió regular esta situación un tanto confusa. De ahí que la pragmática de 27 de agosto de 1600 fuera dirigida a organizar en lo sucesivo el reparto de forma clara. Por lo pronto, todos los turcos o moros que diesen en tierra con sus navíos, ya fuese por una tormenta o por cualquier hecho fortuito, pertenecían al Rey y quedaban en condición de esclavos. Las personas que los atrapasen no tendrían con respecto a ellos otros derechos que el de cobrar 10 ducados por cada uno de los esclavos capturados, dinero que se les tenía que abonar de la consignación destinada a las galeras de España. Si bien, en el caso de que los moros o turcos capturados lo fuesen tras pelea, bien en tierra o en el mar, y una vez entregados en nombre del Rey a las justicias del lugar, se les pagaría por cada uno de ellos a quienes los apresasen 30 ducados por individuo, excepto por el arráez de la embarcación, por el cual habrían de abonarse 100 (68). De todas formas, en el caso de Cartagena el asunto estaba claro, pues los vecinos tenían concedida la exclusividad de las presas por privilegios de los reyes castellanos medievales, de ahí que el Concejo los guardara con celo y saliese rápidamente en defensa de ellos ante cualquier autoridad que quisiera transgredirlos. El procedimiento era bien conocido: una vez traída la presa a Cartagena (esclavos, embarcación, armas y aparejos), se ponía bajo salvaguardia de la justicia y se nombraba un depositario. Posteriormente se convocaba una subasta pública en la que eran expuestos los esclavos y se pujaba por ellos, al igual que por la embarcación y demás pertrechos. Del dinero obtenido se separaba una parte para pagar los gastos de la cabalgada —que previamente había adelantado el Concejo de sus propios— y también en algunas ocasiones, sobre todo en las presas más importantes, se detraía una «joya» o premio para el capitán, quien por su valentía y arrojo había destacado en la lucha (normalmente un esclavo); una vez hecho esto, se procedía al reparto de la misma de forma proporcional al número de personas que hubieran intervenido y a su condición y edad (a los más jóvenes se les solía pagar algo menos). Normalmente había buenos postores, por lo que el beneficio estaba asegurado en dinero, pero en caso contrario podría recurrirse al reparto en especie de los mismos esclavos, que posteriormente también podían ser vendidos por sus nuevos dueños. Con todo, los vecinos tenían asegurado como mínimo por parte del Rey 30 ducados por corsario capturado y 100 ducados por el arráez o capitán, pues eran muy necesarios como remeros en las galeras, tal como hemos señalado más arriba. (68) VELASCO HERNÁNDEZ, Francisco: El otro Rocroi. La guerra naval contra Felipe IV en el Mediterráneo suroccidental. Cartagena, 2005, pp. 124.125. Año 2015 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 29


REVISTA DE HISTORIA NAVAL 130
To see the actual publication please follow the link above