Page 134

MEMORIAL CABALLERIA 77

Varios Noticias del Arma Orgánica y Materiales Empleo Táctico y Operaciones Historia 134 MISCELÁNEA uno de los imperios más importantes de la historia. Recomiendo la lectura de un libro de José Luis Co-rral, El amuleto de bronce, que de manera amable y sencilla nos cuenta esta impresionante odisea. Me permito la libertad de romper un mito de mi niñez. En los libros de historia sagrada de la época había una lámina, truculenta, en la que se veía a Absalón, hijo de David, colgado por su larga cabelle-ra de las ramas de un árbol (una gran encina) y un caballo galopando suelto en el que se supone que había estado montado y con el que huía de su padre después de perder aquella batalla. Pretendía ser ejemplarizante, si te enfrentas a tu padre saldrás mal. Bueno, pues no era un caballo, que era un mulo, Sam. 18:9; me llevé un gran chasco. A continuación y aprovechando la incómoda postura en que se encontraba Absalón, Joab, general de David, le clavó tres dardos en el corazón. Se dice que su padre David le lloró. David me cae mal, Samuel nos cuenta cómo cometió todos los pecados posibles, pero Dios le perdonaba, pues ya se sabe que hay más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente que… Más vale caer en gracia que ser gracioso. Absalón me cae bien, era un perdedor como los gue-pardos, los personajes de Kirk Douglas y yo mismo, pero vengó a su hermana Tamar cuando fue violada por Amnón, hermano mayor de ambos, al que mandó matar después de que fueran inútiles las quejas ante el rey David (pocos derechos tenían las mujeres entonces). El honor de su hermana era el de él mismo. ¡Viva la lealtad! Por cierto, el término «jinete» viene del pueblo zenete, procedente de la región de Gurara, al no-reste de Argelia; los zenetes montaban sus caballos pequeños y ágiles con las rodillas dobladas y apo-yándose fuerte en los estribos, lo que les dejaba capacidad de movimiento y más manejabilidad sobre todo porque prácticamente no llevaban armadura; utilizaban la llamada «espada jineta» muy ligera y de mucho corte que llegó a ser muy apreciada entre los cristianos que la conseguían como botín de guerra, hasta que se empezaron a copiar en Toledo, donde llegaron a hacerse un lujo adornadas con todo tipo de preciosismos. Al cambio podría ser como la «falcata» íbera para los romanos. En la caballería ligera se empleaba el sable curvo, de gran inercia, lo que permitía matar de tajo porque se concentraba toda la violencia del golpe en el punto de contacto con la carne del enemigo; la curvatura de la hoja facilitaba el desvío de los golpes de sable en los combates cuerpo a cuerpo. Los golpes se llamaban «mandobles» pues se efectuaban a diestro y siniestro, es decir, a ambos lados del caballo. Condición imprescindible era que los sables estuvieran bien afilados, y esa era la misión de los amoladores bien provistos de piedras de amolar (claro), trabajo que efectuaban durante el día anterior al combate. Las fundas iban normalmente forradas con madera o similar para que al enfundar no se mellara el corte. La otra manera de montar era a horcajadas, como lo hacían los caballeros de la Edad Media. Iban encajados en la mon-tura que tenía grandes borrenes y con las piernas totalmente estiradas; esto favorecía que soportaran mejor el peso de las armaduras y armas, todas ellas muy pesadas, pero dificultaba los movimientos de caballero y caballo. Precisamente eso es lo que se enseñaba en las Maestranzas de Caballería, donde los maestrantes o maestros de armas enseñaban a los futuros caballeros a manejarse en combate según los usos de la época. Al igual que ahora, estaban vinculadas a la aristocracia. Esto me orienta a las órdenes de caballería, mitad monjes mitad soldados que ofrecían su vida a la defensa de una buena causa, por ejemplo, la seguridad de los Santos Lugares. La primera es la Orden de los Hospitalarios de San Juan que tenían como misión cuidar de heridos y enfermos en el hospital de San Juan de Jerusalén. Data de los tiempos de la primera Cruzada, hacia el 1104, bajo el reinado de Balduino I. Este mismo rey, en 1118, confió la custodia del templo de Salomón a algunos caballeros de reconocido prestigio y piedad probada, con lo que quedó creada la Orden del Temple o Templarios. Sus inmensas riquezas suscitaron envidias y celos, entre otros al rey de Francia Philippe le Bel (no le Beau) que consiguió su disolución con la aquiescencia del papa Clemente. Se les acusaba, entre otras cosas, de practicar el «beso negro» y de adorar al «Bafomet». Un saludo a Godofredo de Bouillon. Las más importantes en España (me duele España) son las archiconocidas de Calatrava, Alcánta-ra, Santiago y Montesa. Pero había muchísimas más: la de La Encina, la más antigua, de los Lirios, de la Azucena de San Salvador y muchísimas, muchísimas más. Tenía, en mis años de bachillerato, un estupendo profesor de Literatura que defendía que el gran Lope de Vega, El Fénix de los Ingenios, era un puro contraste y que quedó en todo a medio camino.


MEMORIAL CABALLERIA 77
To see the actual publication please follow the link above