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MEMORIAL CABALLERIA 77

Varios Noticias del Arma Orgánica y Materiales Empleo Táctico y Operaciones Historia 136 MISCELÁNEA húngara contra los rusos– o las realizadas durante la retirada del ejército de Napoleón sobre los pasos del Beresina, donde destacaron de nuevo los mariscales Víctor y Ney. Os recuerdo que «cabo» y «capitán» tienen la misma etimología, del latín caput, capitis, ya que ambos lo son de sus unidades y no la pueden perder bajo ningún concepto. Los demás tampoco…, vale. A la tropa de la antigua Caballería se le conocía por el segundo apellido ya que, en las formacio-nes en las que se pasaba lista, el cabo furriel los llamaba pronunciando en alto el nombre y el primer apellido, contestando el interesado con el segundo. Era lógico que se identificara a la persona con el apellido que él mismo pronunciaba. El «está» actual es obviamente posterior. Los gemelos Cástor y Pólux fueron nombrados patronos de la Caballería romana por ayudarles en la batalla de Regilo, al igual que el Sr. Santiago en Clavijo. Las frases, usos y costumbres militares han tenido gran influencia en la vida civil. Veamos ejem-plos en refranes y demás: «¡Vete a la porra!». Esto no es más que un arresto militar, me explico. La porra es esa especie de bastón o báculo que lleva el director de las bandas de música y que, clavadas en el suelo, marcaban el centro del campamento. En las proximidades se montaba el cuerpo de guardia. A los soldados a los que se veía hacer alguna pifia, se les arrestaba. «¡Soldado López, a la porra media hora!». Una vez allí les cogía el suboficial de guardia y les ponía a hacer instrucción de orden cerrado. Luego vino lo de la prevención y eso. «Andarse con el bolo colgando» es sinónimo de despreocupación y procede de Filipinas. Allí el bolo es el machete reglamentario –que no solo era un arma sino que se empleaba para desbrozar los caminos en las marchas por la selva– y cuando los indígenas andaban soliviantados se daba orden a la tropa de que lo llevaran desenfundado para estar preparados a repeler un ataque súbito. Cuando alguno, a pesar de la orden, lo llevaba envainado se le recordaba: «Tú ándate con el bolo colgando y verás como vengan los tagalos…». «Marchar con cajas destempladas». Las cajas son los tambores a los que en Semana Santa, en señal de luto, se les aflojaban los parches sonando, pues, de manera desafinada. Así se despide a la gente con cajas destempladas, de manera desafinada y poco fina. «Poner una pica en Flandes» es sinónimo de lo caro que resulta algo o de su carácter excepcional y proviene de lo caro que resultaba mantener los ejércitos en el Imperio. Pica, Arma de Infantería, es una sinécdoque por soldado. El pobre conde-duque de Olivares se volvía loco para sacar reales de verdad (de plata) y no los casi falsos de vellón (devaluados), para poder mantener operativos los ejér-citos y las flotas y controlar a holandeses, franceses, ingleses y a ineptos y corruptos españoles. Esto no es de ahora. «Estar al pie del cañón» es evidente, que se lo pregunten a Agustina de Aragón (aunque catalana) que siendo una heroína salió un tanto casquivana. «A marchas forzadas». En los reglamentos de marchas se precisaba que las normales se realiza-rían a 4 km/h, siendo las marchas forzadas al doble, si no recuerdo mal, lo que suponía que llegaras antes pero más cansado. O sea, que quiere decir que vas deprisa y echando el bofe o liviano –que también se llama así al pulmón por su constitución esponjosa y poco densa–. «¡A buenas horas mangas verdes!». Los colores de las bocamangas de los uniformes definían el Arma o la unidad a la que pertenecía la persona que los llevaba. Los de color verde eran los de las fuer-zas de seguridad, de ahí el verde de la Guardia Civil (que Dios guarde a la Guardia). Como cuando se les necesitaba por algún altercado o similar no siempre se afanaban por llegar a tiempo, pues era me-nos problemático llegar cuando las aguas habían vuelto a su cauce –«¡Desalojen! ¡Desalojen! ¡A bue-nas horas llegan los de las mangas verdes!». Mangas verdes es sinécdoque por fuerzas de seguridad. «Las cañas se volvieron lanzas». En los torneos y justas de la Edad Media se enfrentaban aristó-cratas para mantenerse en forma para la guerra, por el prurito y el honor de sus títulos y supongo que


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