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MEMORIAL CABALLERIA 75

Varios Noticias del Arma Orgánica y Materiales Empleo Táctico y Operaciones Historia 206 MISCELÁNEA Estuve con él desplegado en Bosnia en dos ocasiones. Era donde se sentía como pez en el agua, ro-deado de sus Húsares de Pavía. En la primera coincidimos en Trebinje, él era el auxiliar de un escua-drón ligero. Recuerdo su preocupación por la vida de sus subordinados y oficiales, intentando en todo momento que el ambiente entre todos fuera bueno, que la carga de misiones en esos periodos en los que las patrullas no tienen tiempo ni para descansar, no hicieran que las tensiones generadas erosio-nasen el compañerismo, dificultaran la convivencia o interfiriesen con el cumplimiento de la misión. Siempre pendiente del retorno de sus VEC, siempre esperando que todos regresasen sin nove-dad. Siempre trabajando para que las precarias instalaciones de aquellas primeras misiones fuesen mejoradas día a día, para que los suyos pudieran descansar y pasar sus ratos libres lo mejor posible. Siempre atento al que flaqueaba, a los problemas familiares, esas novias que no escriben, esos días difíciles con el jefe inmediato… Allí, siempre allí estaba él dando apoyo, el mejor psicólogo del escuadrón. El gran prestigio ganado ante sus jefes hizo que en la segunda misión en el exterior (octubre de 2000) y a pesar de ostentar el empleo de subteniente, fuese elegido para ocupar el puesto de sub-oficial mayor de la Agrupación «Castillejos». El coronel Ruiz de Eguílaz confió en él y Ángel, como siempre, no le defraudó. Como en otras ocasiones fue la alegría de la Agrupación en los momentos complicados, tanto los derivados de las operaciones militares como de tener que pasar unas Navida-des fuera de España y lejos de los nuestros. Estaba en todas partes, al igual que el coronel: que estábamos dando guardia en un cuartel de la Armija, allí estaban Angelito y el jefe con un caldo caliente; que cerrábamos Mostar para una operación en el Herzegobaska Banka, ahí estaba animando a los lanceros, dragones y húsares a no flaquear jamás, por mal dadas que viniesen. Todos, capitanes de escuadrón, suboficiales, tropa; todos sabíamos que lo que le pedía el alma era estar en las posiciones, ocupar un hueco en la línea junto a nosotros; pero asumiendo su puesto de suboficial mayor se consolaba prestando ánimos, consejo y ayuda. Ese era el Angelito que yo conocí en la Brigada de Caballería, pero muchos otros compañeros que le recordarán de su paso por Ceuta, Aranjuez y Salamanca, en sus «Montesa», «Pavía» y «San-tiago », podrían contar mucho y bien de él, hasta el momento en que los cambios de la orgánica del Ejército le trasladaron con su regimiento a Zaragoza. Pero una vez estos cambios de orgánica vinieron a cambiarle su vida militar y esta vez para colmar sus aspiraciones profesionales: su paso por la Legión. En Trebinje (BiH) en el año 2000


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