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MEMORIAL CABALLERIA 78

Varios 123 MISCELÁNEA rizado por su excelencia, gracias en gran medida al bajo número de alumnos, lo que permite alcanzar un mayor grado de aprendizaje. Pues bien, la promoción que egresa este año la conformamos simplemente diez alféreces, ventaja añadida al ya de por sí reducido número de componentes de las promociones anteriores. Ser tan pocos permite recibir clases casi particulares, disponiendo de más ocasiones para demostrar nuestras habilidades y nuestras carencias, las cuales habremos de solventar. En mi corta vida militar he escuchado incontables veces que cuando realmente se aprende es en la unidad, cuando se tiene contacto constantemente con el material y el personal. Estoy completamente de acuerdo, y eso afecta al plan nuevo y al antiguo. Nadie nace sabiendo, y quien lo pretenda, por mal camino va. Es verdad que hay aptitudes innatas, pero creo que el factor determinante es la actitud. Quien tenga cualidades innatas y no las sepa aprovechar aportará muchísimo menos que alguien con alguna dificultad pero con ganas y un objetivo claro. Trataré de darle sentido al título que he seleccionado para el artículo por medio de otra cita; esta vez le corresponde al escritor Francisco de Quevedo, quien dijo que «cuando decimos que todo tiempo pasado fue mejor, condenamos al futuro sin conocerlo». Numerosos casos se han dado en los que nos han infravalorado por la formación que hemos recibido, sin conocernos. De lo que no han sido conscientes es de que esa posible carencia se ve recompensada con creces por nuestro sentimiento, y no solo se han dado cuenta mediante palabras, sino también mediante nuestros actos en todas las ocasiones en que hemos tenido oportunidad de probar nuestra valía, como los dos meses de prácticas que tuvimos el curso pasado, durante los meses de abril y mayo. A veces uno tiene que hablar alto para que le escuchen, pero otras tiene que callar y actuar para que le valoren, y estoy seguro de que los actos van en la buena dirección. A aquellos que se asustan del nuevo plan, de las nuevas promociones, de los futuros oficiales de Caballería, les respondo con una frase del escritor inglés William Shakespeare: «de lo que tengo miedo es de tu miedo». Sí, claro que tengo miedo, me aterra la idea de pensar que haya una sola ocasión en la que no esté a la altura en el desempeño de mis cometidos, en la que yerre en algún aspecto bajo mi responsabilidad, ¿a quién no le asustaba a diez meses de ser teniente? Pero estos diez meses los vamos a aprovechar como si fuese el último día en que pudiésemos aprender; aprovechar para aprender cuanto podamos, porque mañana ya no podremos desconocerlo; preguntar cuándo y cuánto queramos, porque ahí fuera ya no podremos dudar; fallar cuanto debamos, porque cuando se trate de ellos —no de nosotros, no, de ellos— no podremos errar. Y nos agradecerán todo el esfuerzo realizado durante todos estos años; y su agradecimiento, aun cuando sea una simple mirada, será recompensa más que suficiente a nuestro sacrificio, no debemos esperar más, porque eso es lo mejor que recibiremos. El miedo, como he dicho, parte del desconocimiento. Muchas veces ese desconocimiento viene motivado por el desinterés; si no nos interesamos por el futuro, le tendremos miedo. A mí sí me interesa el futuro, me interesa mi futuro, el de aquellos que me rodean y el del ejército del que formo parte. Y me interesa por una razón muy sencilla, porque en él es donde voy a pasar el resto de mi vida. Espero haber podido cumplir mi objetivo y darle un enfoque diferente a la situación. Un enfoque tranquilizador, qué menos que el beneficio de la duda cuando nos incorporemos a las unidades para probarnos a nosotros mismos. La preocupación de aquellos que desconocen la disiparán las actuaciones de las personas, de los futuros oficiales de Caballería. Alféreces CLXXVIII promoción en Valencia II.


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