Page 86

MEMORIAL CABALLERIA 78

Historia 84 HISTORIA GRANDES MAESTRES Y SEÑORES CASTELLANOS Las órdenes llegaron a tener en algunos casos más poder y riqueza que la propia Corona y sus maestres eran escogidos entre los hombres más importantes del reino, aunque hubo excepciones. Es curioso como en el transcurso de pocos años dos hombres, de distinta generación, con una historia entremezclada y bastante similar, consiguen el maestrazgo de la orden de Santiago sin ser caballeros de muy alta cuna. Ellos son Álvaro de Luna (1390-1453) y Beltrán de la Cueva (1435-1492). En esta época, las órdenes de caballería dominaban sobre todo los territorios que van desde el sur del Tajo hasta la frontera con los reinos moros que aún resistían en la península. Fue el periodo de la historia en la que Valladolid y los territorios castellanos aledaños alcanzaron la máxima relevancia dentro de los diversos reinos que han conformado España. En esta zona castellana es donde vivieron, amaron, pelearon y sangraron estos dos grandes personajes históricos. DON ÁLVARO DE LUNA Nació en Cañete (Cuenca), en 1390, era hijo bastardo o ilegítimo del copero mayor de Enrique III. Al quedar huérfano, su tío Pedro de Luna, arzobispo de Toledo, se hizo cargo de él. Este procuró la entrada en la corte castellana a su sobrino como doncel de Juan II, cuando el rey contaba con apenas tres años. Poco a poco se fue ganando la confianza de su majestad y le sirvió como paje y compañero de juegos, hasta llegar a ostentar el puesto de condestable de Castilla, título que sustituía al de Alférez Mayor del Reino como máxima autoridad militar del reino. Al rey le agradaban sobremanera las virtudes de don Álvaro, buen caballero, mejor lancero y excelente poeta. Don Álvaro de Luna. El favoritismo propiciado por el rey a don Álvaro dio lugar a una terrible enemistad por parte de los infantes de Aragón y los grandes terratenientes de Castilla como Juan Pacheco. Estos consiguieron su destierro a su castillo de Ayllón en 1427. Don Álvaro de Luna no tardó en mover ficha y consiguió alianzas con la baja nobleza, comerciantes y conversos de las ciudades, enriquecidos gracias a las exportaciones de lana castellana. Así, en 1429, consiguió regresar de nuevo a la corte y expulsar a los infantes aragoneses de Castilla. Estuvo casado con Elvira de Portocarrero, no dejando sucesión en este matrimonio; después casó en segundas nupcias con Juana Pimentel, condesa de Montalbán, de la poderosa familia Mendoza y que a la muerte de su marido pasó a ser conocida con el sobrenombre de «la triste condesa». En 1441 sufrió otro destierro y tuvo que volver a ganarse su puesto en la corte luchando por su rey en la batalla de Olmedo (1445), en la que aplastó a sus adversarios aragoneses y navarros. En esta contienda fue herido de muerte el infante Enrique de Aragón y don Álvaro de Luna es el encargado de sucederle en el título de Gran Maestre de la orden de Santiago. Tuvo el honor de ostentar ese título desde el año 1445 hasta 1453. A pesar de ser el hombre fuerte de Castilla, el gran maestre de la orden de Santiago solo contaba con el cariño y admiración de Juan II. Esta situación se tornó cuando el rey enviudó y se casó con Isabel de Portugal (madre de Isabel la Católica). Su nueva esposa, junto con el infante Enrique y demás conspiradores de la oligarquía castellana, consiguen convencer al rey del peligro que don Álvaro de Luna supone. Es apresado en Burgos y encarcelado en el castillo de Portillo.


MEMORIAL CABALLERIA 78
To see the actual publication please follow the link above