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BOLETIN OBSERVACION TECNOLOGICA 53

tecnologías emergentes Fig. 3. Daños típicos producidos por una cabeza de varilla continua (Mallin et al). The attack of aircraft fuselage by continuous rod warheads.1963. Royal Aircraft Stablishment. (Fuente: Originally Confidential, approved for public release). la velocidad de los mismos. En la mayoría de los casos las cabezas de guerra combinan ambos efectos; el explosivo y el de fragmentación (blast & fragmentation). • Carga hueca: el principio de la carga hueca o “shaped charge” consiste en diseñar la forma de la carga explosiva con un hueco de forma cónica, semiesférica u otra, revestido de material metálico, normalmente cobre o aluminio, situando la carga explosiva en el lado convexo del hueco. La espoleta detona la carga desde la parte trasera o culote, formando una onda explosiva que viaja hacia delante colapsando el revestimiento metálico en su vértice, lo que genera un chorro o dardo de material metálico fundido a muy alta velocidad que no es constante, siendo mayor en la punta del chorro, donde se puede alcanzar una velocidad del orden de 8.500 m/s mientras que la parte trasera puede estar alrededor de 1.500 m/s. Este gradiente de velocidad afila y estira el chorro con un alto poder penetrante, generando presiones del orden de decenas de miles de MPa (cientos de kilobares). La detonación de la espoleta debe producirse antes de impactar contra el blanco para maximizar la capacidad de penetración y, a diferencia de las cabezas de guerra explosivas y de fragmentación el proyectil debe impactar contra el blanco. Existen variantes y sofisticaciones basadas en el principio de la carga hueca con la intención de prolongar el chorro metálico consiguiendo mayor capacidad de penetración, como por ejemplo la combinación de dos cargas huecas en tándem. Una característica de las cabezas de guerra de carga hueca es que su capacidad de perforación es prácticamente independiente de la velocidad de impacto, lo que ha permitido desarrollar armas anticarro relativamente ligeras HEAT (High Explosive Anti-Tank) utilizadas con cañones sin retroceso, lanzacohetes y lanzagranadas o RPGs. Por otra parte, el ángulo de impacto, el diseño de la cabeza de guerra y de la espoleta (distancia crítica) y el blindaje del blanco son parámetros determinantes. Una variante de la anterior es la denominada carga aplastante o HESH (High Explosive Squash Head), que también está formada por un explosivo revestido de material metálico y espoleta en el culote. Al impactar contra el blanco, la carga se aplasta contra el blindaje transmitiendo la onda de choque de la detonación a la pared interior y desprendiendo así parte del blindaje. • Varilla continua: la fragmentación ordinaria no tiene todo el efecto deseado al ser utilizada contra blancos aéreos, ya que normalmente es muy difícil lograr un impacto directo y la detonación se produce a una cierta distancia de paso o “misdistance” que puede ser considerable. Contra este tipo de blancos se emplean las denominadas cabezas de varilla continua o “continous rod”, tras haberse constatado que el fragmento ideal para infligir un mayor daño en aviones es aquel con forma de varilla por su aptitud para penetrar y desgarrar. No obstante el ángulo de incidencia es clave en la letalidad, ya que si las varillas alcanzan el blanco con un cierto ángulo pierden enormemente su eficacia y, de igual manera, si llegan de forma perpendicular, pueden atravesarlo sin conseguir el efecto deseado. Para mitigar estos efectos, se envuelve la carga con una estructura de varillas concatenadas por sus extremos, lo que se conoce como varilla continua, de manera que cuando se produce la explosión, la varilla se despliega de forma radial logrando un efecto de corte o guillotina devastador para los blancos aéreos. Normalmente, las cabezas de guerra modernas de armamento táctico suelen combinar cabezas de guerra explosivas y de fragmentación con cabezas de carga hueca para objetivos blindados o con cabezas de varilla continua para blancos aéreos. También existen otros tipos de cabezas de guerra, a veces denominados de propósito especial o multipropósito, en función del objetivo buscado: incendiarias, de señuelos, marcadoras o trazadoras y de racimo, aunque éstas últimas están sujetas a prohibiciones tras la Convención sobre municiones de racimo, firmada en Oslo en 20082. Para que un arma sea efectiva contra un blanco, o para que se logre exactamente el nivel de daño deseado, es decir, la letalidad mínima efectiva para el propósito deseado, es fundamental no sólo que el efecto de la cabeza de guerra sea el apropiado sino también la precisión del momento en el que la espoleta haga comenzar el proceso de 2  Puede encontrarse mayor información al respecto, así como el texto de la convención, en el documento Convención sobre municiones de racimo, del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). 10 Boletín de Observación Tecnológica en Defensa n.º 53. Primer trimestre 2017


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