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MEMORIAL DE CABALLERIA 83

Doctrina, Táctica y Operaciones tal modo que pudiese conectarse el norte con el sur del país. Esta ruta la conformaban unos 15 kilómetros de montaña. Era muy mala, como se puede suponer, y había que organizar un by-pass, de manera que un VEC se colocaba en la parte más al norte, y el otro en parte más al sur. A través de las radios de los VEC, las AN VRC-64, regulábamos el tráfico. Esta zona estaba controlada por el bando croata. No eran pocas las veces que nos invitaban a un «mordisco» de panceta ahumada con un vasito de «rakia», y nosotros les devolvíamos su amabilidad con un trago de la bota de vino. Las relaciones eran buenas, pues como es lógico, nos interesaba. Eran otros tiempos. Bien, el caso es que llegando a Mostar, pinchó mi vehículo la rueda trasera izquierda. Un de-sastre, teniendo en cuenta que la misión no podíamos posponerla. Así que me quedé a la entrada de Mostar, solo, con la necesidad de pasar la rueda central a la trasera, subir la amortiguación central y cargar la rueda pinchada; solo quien se ha visto en una igual sabe de la dificultad de realizar esta operación con un gato. Si añades que estás recién llegado a un país todavía en guerra, y que te quedas solo, casi sin saber el camino de regreso, sin saber exactamente el peligro que corres allí, sin móviles, sin navegadores GPS, sin una PR4G, sin un tetrapol, sin, sin, sin… Pero salvamos la situación, como no podía ser de otra forma. Muy poco tiempo después, el batallón eslovaco comenzó a trasladar vehículos a través del río Neretva en ferrys, por lo que disminuyó el tráfico en la Ruta Dolphin y, por secciones, comenzamos otra nueva misión: «Bijela». Allí, junto a los dos ferrys que pusieron en uso los eslovacos, pasábamos una semana, regulando y priorizando el tráfico de convoyes de ayuda humanitaria, convoyes militares, y vehí-culos civiles. El trato diario con tanta gente hacía más importante la famosa «mano izquierda» tan «tipical spanish», casi más necesaria que el propio armamento. Un pelotón se situaba en el acceso al norte de los dos puentes destruidos, y el otro al sur. Estábamos prácticamente aislados. La comida siempre venía en termos desde la base de Mostar oeste; las condiciones de vida, muy austeras. Me visualizo nítidamente bañándome en el río Neretva, o dando una vuelta en una lancha de los eslo-vacos a lo largo del río, a toda mecha, desafiando a los francotiradores. También tengo en la retina a los simpáticos componentes del batallón malayo, que tenían un puesto de control cerca de Bijela norte, donde arrancaba la Ruta Dolphin, que se pasaban el día pescando peces que luego en una fogata asaban y comían… eran otros tiempos. 70 Memorial de Caballería, n.º 83 - Junio 2017 Convoy cruzando el Neretva


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