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MEMORIAL DE CABALLERIA 84

Varios 98 MISCELÁNEA jinete en particular. No es mi intención enmendar ninguna de las definiciones que el lector puede encontrar en este memorial o en otras publicaciones. Ya dije que el «Espíritu Jinete» no se presta a una formulación exacta y añado que no debe ser objeto de una definición reglamentaria. Además se entremezcla frecuentemente con otras expresiones como el «Espíritu de la Caballería». En aras de la claridad, sí pretendo excluir en este artículo aquellos rasgos, quizás fundamentales para el militar y para cualquier persona íntegra, que otros autores han visto en el «espíritu jinete» y en los que no he encontrado una conexión directa con la práctica de la equitación. Ya en el siglo XIII, el mallorquín Ramón Llull publicó su Libro de la Orden de Caballería en el que describe todas las virtudes morales que un Caballero debe poseer. Indudablemente un jinete debe ser un caballero y sus valores no le pueden ser ajenos. Además, en tiempos de Ramón Llull un caballero era jinete, por lo que no se puede negar una interrelación entre ambos conceptos. ESPRIT CAVALIER A finales del siglo XIX el término «esprit cavalier», que se traduce literalmente espíritu jinete, se había generalizado en los debates en el seno de la caballería francesa. Las reseñas periodísticas que se hicieron eco de la aparición del primer número de la Revue de Cavalerie en abril de 1885, subrayan la intención de la nueva publicación de convertirse en «la expresión vibrante del «esprit cavalier»1. Las tristes experiencias de la guerra franco-prusiana, donde se vieron cargas suicidas sin resultado como las de Reichshoffen, abrieron una crisis en el empleo de la caballería. El combate a pie, antes completamente excepcional, parecía convertirse en la modalidad táctica preferida por el arma montada. Muchos vieron en ese abandono, aun simplemente circunstancial y táctico, una amenaza para la esencia de la Caballería contenida en el «esprit cavalier», que consideraban indisolublemente ligado al caballo y a su monta. Mi opinión es que la expresión surgió en este momento para subrayar los efectos morales de la monta a caballo cuando los efectos materiales quedaban de algún modo en entredicho. Es curioso que el libro Patrullas de caballería ligera publicado por el general de Brack en 1831, obra de referencia para los impulsores del «esprit cavalier», no contenga esa expresión en ninguna de sus páginas. En esa época, y aún más en las guerras napoleónicas donde el autor se reveló como gran líder de caballería, todavía el caballo estaba en la cúspide de su prestigio militar y utilidad táctica. Resulta pues que «Esprit Cavalier», como su versión española espíritu jinete, es un término acuñado para definir la quintaesencia moral de la relación con el caballo cuando los beneficios materiales tendían a desaparecer. Hoy, ya prácticamente desvanecidos, nos interesa particularmente volver sobre el tema. EFECTOS MORALES DE LA PRÁCTICA DE LA EQUITACIÓN El caballo es un animal de gran envergadura y carácter asustadizo que busca la supervivencia en la huida2. Para ello está dotado de una poderosa musculatura que lo convierte en un magnífico corredor de media distancia, sin desdeñar su capacidad para el fondo y la carrera corta. Es capaz de saltar obstáculos medianos con naturalidad manteniendo la continuidad en la carrera. Desde la remota antigüedad tiene una especial relación con el hombre que ha conseguido montarlo y controlar, desde una posición a horcajadas sobre él, su fuerza y voluntad. Es por naturaleza noble y bien montado transfiere a su jinete el dominio completo sobre su extraordinaria capacidad física para el movimiento. Para que esta relación funcione, el jinete, además de compenetrarse totalmente con el caballo a través de su cuerpo, necesita prestar al equino el valor y la determinación que naturalmente sólo adquiere en la huida. El caballo aporta a su jinete una capacidad para el movimiento terrestre en términos de velocidad y distancia que sólo se superarían tras la invención del ferrocarril. A cambio necesita que los reflejos de su jinete se adapten al ritmo de su carrera. Cualquiera que haya montado alguna vez a caballo habrá sentido la sensación de riesgo que se siente encima de un ser 1  Journal des débats politiques et littéraires, 14 de abril de 1885. 2  Botín Polanco lo define como «un animal dulce, inocente y temeroso» (El Noble bruto y sus amigos, cap. 3. Psicología del caballo). Memorial de Caballería, n.º 83 - Junio 2017


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