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MEMORIAL CABALLERIA 85

Doctrina, Táctica y Operaciones Ese día percibí que había menos personal de la instalación de lo habitual, incluido el de seguridad. Lo relacioné con la baja actividad que en periodo de Ramadán se observa en calles y comercios Memorial de Caballería, n.º 85 - Junio 2018 53 sin darle mayor importancia. Dado que la piscina situada en la zona intermedia (lugar en donde habitualmente nos asentábamos) estaba vacía por mantenimiento, nos dirigimos a la piscina superior. En el momento del ataque, habría en la instalación unas cincuenta personas entre visitantes y empleados. Después de la comida, cada uno trataba de relajarse a su manera. El calor era asfixiante y el intenso sol obligaba a refugiarse bajo los techados de la zona de bar. Algunos trabajaban con sus ordenadores, unos dormían y otros leían. Algunos trataban de refrescarse en la piscina y los más incautos hasta tomaban el sol. Yo en ese momento descansaba en una silla bajo el techado donde habíamos comido, con mis cascos de música puestos y cotilleando mi teléfono móvil. Sobre las 15:40 horas se produjo el ataque. A pesar de haber hecho mis 60 minutos de natación «reglamentarios», ser hora de siesta tras la comida y el agobiante calor, algo quiso hacer que mi cuerpo no estuviera relajado. Era la cuarta vez que visitaba el centro y ya había comentado a mis compañeros que no me gustaba, que sin duda prefería el Badalodge. No tenía una razón concreta, simplemente no me gustaba. Tal vez en mi mente mi subconsciente sabía más que mi yo consciente en ese momento. Quienes me conocen de otras misiones saben de mi, a veces, impertinente «afición» por perder cinco minutos de mi tiempo en imaginar un ataque en aquellos lugares en que pienso que se es susceptible de ser atacado. Recuerdo como en mi última misión en Túnez incluso muchos me hacían callar entre risas cuando compartía en voz alta mis planes de escape con colegas de otras organizaciones y civiles. La verdad es que el ataque ya me lo había imaginado antes, y tal vez fue esa predisposición la que me hizo reaccionar de manera tan rápida, yo diría que casi instantánea. Al escuchar los primeros disparos por encima de la música arrojé los cascos al suelo y me puse de pie. Lo que vi a mi alrededor fue que la mayoría de las personas presentes se miraban unas a otras sin saber qué hacer. Siempre me había preguntado por qué este tipo de ataques acaban con tal cantidad de víctimas y una de las respuestas la encontré en la reacción de las personas ese día. En esos momentos mi deseo era tratar de hacer pasar a modo reacción al mayor número de personas. Días después muchas de ellas incluyeron en sus informes y me agradecieron que fuese capaz de detectar el origen del fuego de manera tan rápida y les orientara hacia la vía de escape que yo consideraba la de mayor probabilidad de éxito. Diré que en esos momentos tuve una enorme percepción de la realidad, veía todo lo que había que hacer con una claridad absoluta; pero que a la vez sentía como si estuviera viviendo una película desde fuera, en la que yo era el protagonista y sobre el que estaban puestas todas las miradas y esperanzas. Muchas veces pienso que, tras todas las experiencias vividas en mis anteriores misiones, me he dado cuenta que me siento cómodo en lo incómodo y en esta ocasión estaba claro que me iba a tocar comprobarlo en grado superlativo. Diré que no sentí miedo, sólo unos irrefrenables deseos de sobrevivir y de hacer que los terroristas no cumplieran sus objetivos. Comencé a gritar a todo el mundo diciendo, «Go, go, go!!! Attack, attack, attack!!! Go, go, go!!!» («¡¡¡Vamos, vamos, vamos!!!, ¡¡¡Ataque, ataque, ataque!!!, ¡¡¡Vamos, vamos, vamos!!!») señalando a todos cuantos pude contactar visualmente con gestos hacia la colina adyacente y comenzando a correr en esa dirección.


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