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Tropas_Montaña_004_2020_20-1-20

T R O P A S D E M O N T A Ñ A Presentación / 5 PRESENTACIÓN Este ejército que ves, vago al yelo y al calor Presentamos esta 4ª edición de Tropas de Montaña con la mirada puesta en el cambio, como no puede ser de otra manera. En esta ocasión, esta transformación entraña una dualidad: de un lado, afecta a la propia Revista, pues el Regimiento de Cazadores “Galicia” cede el liderazgo en la dirección y edición a la Brigada “Aragón”, habida cuenta que esta aglutina, desde el 1 de enero del 2020 a las unidades con capacidad de montaña y combate en clima frío del Ejército de Tierra. De otro, y precisamente por este hecho, la que implica a las Tropas de Montaña. Se consuma hoy una nueva adaptación orgánica y, sin embargo, desconocemos hacia dónde vamos. Cuando creíamos alcanzado, si no el pico, al menos el colla-do que permite a la unidad reagruparse, equiparse y retomar fuerzas para el asalto final, el objetivo cambia. ¿Por qué? La adaptación al cambio, la flexibilidad, es consustancial a nuestras unidades, implica disciplina, austeridad y espíritu de sacrificio, virtudes estas que hemos cultivado en sus ásperos, exigentes y despiadados escenarios, y ahora, nuevamente, nos aprestamos a asumir los propósitos del mando. Pero nada aterra más a un soldado –supongo que a todo hom-bre- que la incertidumbre. Lo que preocupa no es el cambio, necesario, reto permanente y obligado; lo que estremece es desconocer el objetivo final. ¿Hacia dónde nos dirigimos? Y, sobre todo, ¿para qué? Acaso, el primer paso debería ser definir el proyecto: ¿qué capacidades de actuación en montaña y clima frío quiere el Ejército? ¿Es necesaria realmente esta capacidad? ¿A qué coste? ¿Con qué implicaciones? Esta es la duda que atenaza al Cazador. No se teme la respuesta, ni estremece el camino, solo la incertidumbre. Es esta una pregunta que viene de lejos. Cuando se me plan-teó por primera vez aduje que las Unidades de Montaña deberían de desaparecer, que si el problema es de número (Brigadas, Batallones o Soldados), nada más fácil que no dis-poner de ellas. Pero tan persuadido estoy de la necesidad de esa capacidad, no ya de intervenir en los actuales y futuros y previsibles escenarios, sino como campo de instrucción - ¡el mejor!, nadie se engañe- que estoy plenamente convencido que todo soldado debería obtener esta aptitud: vivir, mover-se y combatir en montaña. Que nadie lo dude, nada más se necesita. Pero no nos dejemos llevar por la frustración o la desespe-ranza. El reto implica siempre –hoy más- una oportunidad. Y, ahora, disfrutemos de estas páginas. David Vaquerizo Rodríguez Coronel jefe del RICZM "Galicia" 64


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