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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

120 LUCAS CANTERAS ZUBIETA “En estas condiciones hay que pensarlo muchos antes de efectuar un avance, y por eso he mandado al Comandante Villar a Bumeyan para que, sobre el terreno, trate con los jefes de Tensaman, y si logramos la seguridad de su franco y decidido apoyo, operaré por aquella zona; en caso contrario, lo pensaré, porque tendríamos una serie de combates sangrientos muy distintos de los que hasta ahora hemos sostenido en este territorio”76. La lograron, de forma dudosa, y se fue a Abarrán. En sus memorias, Berenguer se preguntaba, a la luz del contenido de esta carta y de la actitud prudentísima manifestada por Silvestre: ¿Cómo pudo ocurrir aquel tropiezo de Abarrán? “¿Qué ocurrió para que, después de escrita esta carta y concentradas las tropas para operar en Beni Tuzin, variase repentinamente de opinión, en dos días, y se lanzara sobre Abarrán?”. Para Berenguer estaba clara la respuesta, y no tenía nada que ver con que Silvestre hubiese sido jaleado en Madrid: “Indudablemente, una ligereza de la información, un error de apreciación del jefe político del sector, como confirmó después el General Silvestre”77. Abarrán fue, para casi todos, un sobresalto. Unos lo calificaron de “sorpresa”, otros de “tropiezo”, algunos de “zarpazo”. Algunos veían a través de aquel espejismo y no pudieron sorprenderse. Es el caso del teniente coronel Fernández Tamarit, que escribió el 16 de mayo a Silvestre: “las comunicaciones son dificilísimas; las posiciones deplorables y no responden más que a eso que se llama la política y que es simplemente la negación de ella”78. Con todo, a la 1:00 de la madrugada del 1 de junio, Villar saldrá con una columna hacia Abarrán. Silvestre ha sopesado durante los dos días anteriores las posibilidades y ha concluido que la inmovilidad es su enemigo principal. Villar, que ha recorrido aquella zona con Juan García Margallo y ha recibido muestras de lealtad de Temsaman, cuenta con la confianza del comandante general. Sin embargo, algunos no están por la labor y le han prevenido. A última hora hay dudas sobre la lealtad de Tensaman, pero es probable que Silvestre no llegara a saberlo. Él llegará a las 18:00 a Melilla, donde lamentará cierta noticia sobre la decisión de Villar de retirar, consigo, la compañía de ametralladoras. Se entera de lo ocurrido –el derrumbe de la posición a lo largo del mediodía– por el coronel Capablanca y el teniente coronel Dávila. Primero, reciben que “Abarrán atacado. Cañones disparan espoleta cero”. Luego, que “llegan algunos artilleros e indígenas”. Por úl- 76  BERENGUER FUSTÉ, Dámaso: op. cit., pp. 32-33. 77  Ibídem, p. 34. 78  Cedida por la Academia General Militar de Zaragoza. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 120-132. ISSN: 0482-5748


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