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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

126 LUCAS CANTERAS ZUBIETA los días siguientes tan heroico como escaso en Annual. Casi todos los mulos mueren tiroteados, destrozando la alambrada al rodar colina abajo. El día 19 será aún peor. La sed se hace insoportable en Igueriben y el hedor de los mulos y de los muertos solo empeora al no poderlos quemar. Se recurre a machacar patata para evitar la deshidratación. En Annual, Núñez de Prado está al mando de una nueva columna. Con el apoyo de un escuadrón mandado por Alfaro y la 3.ª compañía de Regulares se desenvolverá costosamente hasta las cercanías de Igueriben, pero terminará por ser expulsado e inmovilizado. El jefe de Annual, coronel Argüelles, va a renunciar a la retirada, pero mientras Núñez de Prado organiza la defensa a la que ha sido abocado, es herido de gravedad y cae. Al mando queda el comandante Alfaro. Manella, que ha llegado a las 16:00 a Annual y ha relevado a Argüelles, se ve incapaz de controlar la situación. Silvestre, al caer la noche, se enterará de todo. Primero, de lo de los mulos del día 18; después, de la crisis de las municiones, y por último, del fracaso de Núñez de Prado y de Alfaro. A última hora del día 19, Silvestre solicita de manera urgente municiones, que, por los combates sostenidos durante días, son escasísimas. La madrugada del día 20 es frenética en Melilla. En su tercer telegrama en la noche del 19 al 20, Silvestre transmite a Tetuán que está preparando los pocos elementos de que dispone para salir hacia Annual. Después, una lista de bajas. El comandante Romero, herido leve según el primer parte, figura ya como muy grave. Morirá poco después. Pide “envío refuerzos en hombres y elementos en cantidad que V. E. estime suficientes y con los cuales pueda mantener nuestras posiciones”. También los elementos marítimos disponibles. Berenguer dirá al respecto que no le quedaban claras las necesidades de Silvestre ni su urgencia. Quiere precisiones, pero Silvestre ya tiene fuertes prioridades: intentar salvar al ejército. A las 14:35 repite el apremio con que necesita refuerzos: tres o cuatro barcos de guerra y una escuadrilla de aviación para distraer al enemigo y barrer sus posiciones. Persiste en aquella idea, acaso tomada de Tamarit, de distraer al harca enemiga con fuego costero. En otro telegrama más, cuarto del mismo día, comunica que no se ha podido realizar el convoy por segunda jornada consecutiva, habiendo de hacerse en la siguiente a primera hora. Sin falta. En Igueriben las horas pasan con la mayor angustia, hostilizada constantemente. Se mira hacia Annual con resignación, pero el ejemplo dado por los oficiales sigue siendo el esqueleto de la posición. La frustración que causan las circunstancias es mutua: en Igueriben, por verse desamparados; en Annual, por no poder dar respuesta a las señales heliográficas de socorro. Benítez recorre las defensas exhortando a una tropa destruida. Se les ha prometido socorro para el día siguiente, pero desde allí se responde que la sed Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 126-132. ISSN: 0482-5748


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