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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

LA DERROTA DEL CONDE DE ALCAUDETE EN MOSTAGANEM (1558) 195 sitiados, que suponían se estaba fraguando algún ardid “con el ruydo del campo” y enviaron espías para verificarlo. De este modo descubrieron el engaño, tras lo cual Hasán Bajá se apresuró a movilizar su ejército y consiguió llegar a Mazagran al tiempo que lo hacían los españoles, como indican las fuentes, que además mencionan la existencia de una densa niebla que dificultaba la visibilidad. Cuando abrió el día, en la mañana del 26 de agosto, los españoles se dieron cuenta de que su estratagema no había surtido efecto, y que los turcos estaban preparados para la lucha. Y, en consecuencia, se dieron distintos combates iniciados tanto por los españoles como por los otomanos, entre ellos el dirigido contra la vanguardia española acaudillada por el conde de Alcaudete, acosada por la artillería naval turca, mientras la retaguardia, mandada por su hijo, sufría el ataque de una fuerza combinada de numerosos alárabes, reforzada con los efectivos mandados por el alcaide de Tremecén y por 1.000 escopeteros turcos que dieron “muy gran carga por la retagardya do venia la gente suelta, y caballerya nuestra”101. Este último combate ocurrió muy cerca de Mazagran, y como resultado los turcos capturaron, primero, tres cañones de campaña y, luego, otros dos más –uno de batir–, que utilizaron de inmediato102. El hostigamiento otomano prosiguió de forma regular y continua, con ataques esporádicos a diferentes puntos. Y algunos escuadrones de vanguardia, como el del maestre de campo Luis Arinquece, “que en su vyda estuvo en la guerra”, se refugiaron en la ciudad. A este respecto, el documento de El Escorial destaca sobre todo el abandono de las posiciones por parte de muchos soldados que desprotegieron el ala izquierda de vanguardia –dirigida por el maestre Cobaleda– para buscar alimento, lo cual provocó un gran desconcierto en las filas españolas, donde se mezclaban piqueros y arcabuceros y pocos hacían uso de las armas de fuego por carecer de pólvora y mecha. Para remediar la situación, el conde hizo traer pólvora a lomos de un camello, que fue depositada en las dos torres de la ciudad, con tan mala fortuna que una de ellas se incendió por el descuido de un soldado o artillero o, como indican algunos autores, por un acto de sabotaje. El caso es que, a consecuencia de la deflagración, se perdieron 40 o 50 barriles y murieron 50 soldados, entre ellos el sargento mayor Navarrete103. Con ser importantes estas pérdidas, más lamentable todavía fue el comportamiento de las tropas, que, al ser requeridas por el comandante en jefe para que volvieran 101  BME, op. cit., f. 327r. 102  Cruzado anota solamente “dos tiros gruesos y algún de campo”, e indica que el motivo de que cayesen en poder enemigo fue que los soldados los abandonaron para ir a recoger las algarrobas que habían dejado en la playa. CAT, E.: op. cit., p. 104. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 195-216. ISSN: 0482-5748 103  CAT, E.: op. cit., p. 104.


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