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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

24 ALBERTO BRU SÁNCHEZ-FORTÚN todos estaba muy presente la prodigalidad sin fundamento con que se habían otorgado en Cuba y Filipinas. Quizás por ello, el ministro Linares comenzó prudentemente ascendiendo solo a los jefes y oficiales muertos en los primeros combates, pero a finales de octubre fue sustituido en el ministerio por el general Luque, quien, como luego veremos, ya había sido ministro en otro gobierno liberal anterior, y se había mostrado claro partidario de la escala abierta en todo tiempo. Todas las alarmas se dispararon entonces. A primeros de diciembre el diputado carlista Llorens inició una serie de colaboraciones en el periódico La Correspondencia Militar en las que analizaba las recompensas otorgadas por los combates de julio, señalando la diferencia de criterio en la concesión de empleos de uno y otro ministro y la necesidad de premiar con ellos la pericia en el mando de unidades, y no el valor o las heridas. Esta última idea también la desarrollaba en aquellos mismos días Leopoldo Bejarano desde las páginas de El Liberal20. Como ya es bien conocido, el conflicto estalló en enero de 1910, cuando La Correspondencia Militar y El Ejército y la Armada se enfrentaron en agria polémica con el ministerial El Ejército Español, defendiendo la escala cerrada y denunciando los ascensos concedidos por el desastre del Barranco del Lobo. Un artículo de La Correspondencia Militar, firmado por Santiago Vallisoletano ─seudónimo del futuro general Queipo de Llano─, supo inflamar a la guarnición madrileña, una parte de la cual manifestó ante los locales del periódico y de uniforme su agradecimiento por los conceptos vertidos en defensa de la escala cerrada. Tal acto de pública indisciplina deparó destituciones y algún mes de castillo para los más caracterizados21. Menos conocida, pero de enorme interés para aquilatar las percepciones corporativas y las aspiraciones de la colectividad castrense en esos mismos momentos, fue la aparición, parece que en Barcelona, de una fantasmal “Comisión Militar”, a la que podríamos considerar un posible antecedente de lo que luego fueron las Juntas de Defensa. Dicha comisión hizo circular 20  La Correspondencia Militar del 1, 11, 15 y 27 de diciembre de 1909, siempre en p. 1. El artículo de Bejarano en El Liberal (Madrid, 1879) de 22 de diciembre de 1909, p. 1.   Sobre este episodio, relativamente bien conocido, disponemos de un buen resumen en SCHULZE SCHNEIDER, Ingrid: La prensa político-militar en el reinado de Alfonso XIII. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2003. pp. 147-155. También DUQUE DE MAURA Y FERNÁNDEZ ALMAGRO, Melchor: Por qué cayó Alfonso XIII. Evolución y disolución de los partidos históricos durante su reinado. Madrid: Ediciones Ambos Mundos S. L., 1948, pp. 442-445, incluyendo una carta a don Antonio Maura fechada el 17 de enero y escrita por Felipe Crespo de Lara, en cuyos renglones finales se dice: “El descontento entre los Jefes y Oficiales del Ejército de África, no incluidos en los amañados juicios de votación, que son la mayoría, es enorme”. Los artículos de Santiago Vallisoletano están en La Correspondencia Militar de los días 31 de diciembre de 1909 y 1, 5 y 11 de enero de 1910, siempre en p. 1. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 24-66. ISSN: 0482-5748


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