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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

LOS ASCENSOS DE GUERRA (1909-1922)… 27 Naturalmente la cuestión de los ascensos y las escalas, que ni siquiera afectaba exclusivamente a los profesionales de la milicia, sino al conjunto de la Administración, no tardó en verse aireada y discutida en los medios de prensa civiles. El ejemplo más interesante y curioso nos lo proporciona Leopoldo Romeo, director de La Correspondencia de España. En mayo de ese año de 1912 firmaba un editorial anunciando una proposición de ley que el propio Romeo, diputado en el Congreso en esa legislatura, pensaba presentar exigiendo la instauración de la escala cerrada, pero no solo en el ámbito castrense, sino también en el conjunto de los cuerpos de funcionarios civiles no regulados por oposición. Tal iniciativa parlamentaria demuestra la inmediatez con que podía percibirse que las reivindicaciones en materia de gestión de personal de los funcionarios civiles o militares eran básicamente las mismas y que la construcción de un Estado moderno con personal bien formado, con carrera reglada e independiente de la cotidianidad política no debía demorarse mucho más. Como insistió Romeo en la presentación ante el Congreso de su proposición de ley: “Las clases todas que del Estado perciben sus haberes y que al Estado sirven, lo mismo militares que civiles …, han llegado a un estado tal de desaliento … que he creído patriótico recoger sus quejas”. Y las quejas se centraban en la carrera de unos y de otros pisoteada por las recomendaciones, el nepotismo y la yernocracia, lacras que impedían el normal funcionamiento de la escala abierta al mérito, y la necesidad, como mal necesario, de la escala cerrada para todos los cuerpos civiles y militares no regulados por oposición. Desde las páginas de su periódico advertía que este de las recompensas y los ascensos de guerra era un “gravísimo problema” que estaba “deshaciendo el Ejército”. Curiosamente, en el primer artículo de su proposición de ley propugnaba la disolución del cuerpo de Estado Mayor para convertir su función en un servicio, y en el editorial defendía semejante propuesta asegurando que contaba con el aplauso entusiasta de la mayoría de los profesionales de la milicia. Finalmente, la respuesta de Luque a la presentación de Romeo, el simple hecho de que el ministro aportaba ese mismo día su propio proyecto, forzó al periodista y diputado a retirar los artículos militares de su proposición de ley. En cualquier caso, lo que nos debe quedar claro es que han bastado menos de tres años desde la sustanciación de las primeras propuestas de recompensas por la campaña de Melilla para que el problema militar de las escalas y del favoritismo en la concesión de los ascensos de guerra no solo esté ya en la calle, sino que comience a subir las gradas del Congreso, cogido de la mano con las demandas de escala cerrada de los funcionarios civiles del Estado27. 27  El editorial de Romeo aparecía en La Correspondencia de España de 16 de mayo de 1912, p. 1, y se titulaba “El único remedio/Ni ascensos ni recompensas”, y exhibía el texto íntegro de su proposición de ley, que posteriormente fue publicada en el DSC. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 27-66. ISSN: 0482-5748


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