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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

32 ALBERTO BRU SÁNCHEZ-FORTÚN contaría con una representación adecuada de todas las armas y cuerpos36. La cruz de María Cristina seguía existiendo, aunque ni se afirmaba ni se prohibía la posibilidad de permutar por ella el ascenso de guerra. Sin embargo, la pensión a la que daba derecho quedaba limitada a una determinada cuantía, según el empleo del agraciado, durante un periodo de cinco años: ya no resultaba, por tanto, el instrumento adecuado para que los cuerpos facultativos mantuvieran la escala cerrada en tiempo de guerra. A pesar de la insistencia de Luque en que este no era su proyecto, sí resulta un claro avance en la dirección de controlar mejor y de manera más centralizada el proceso para otorgar ascensos de guerra, evitando un modelo excesivamente anárquico y proclive al pequeño tráfico de influencias, como era el que se desarrollaba desde 1891 alrededor de los juicios de votación, que en este proyecto se suprimían completamente. En el verdadero pensamiento de Luque, en cambio, recogido fundamentalmente en el proyecto de 1906, no había sitio para el antagonismo entre los ascensos de paz y los de guerra. Se trataba de que el ministro tuviera completa libertad para promocionar a los individuos que considerase más adecuados en cada momento hacia el vértice superior de la pirámide militar. Para ello, Luque no tuvo empacho en servirse de leyes especiales. A primeros de 1912, ascendió a coronel a Manuel Fernández Silvestre y a comandante a Enrique Ovilo Castelo, por los servicios que ambos habían prestado en la crisis de Casablanca y en la ocupación de las comarcas de Larache y Alcazarquivir37. Con otra ley, ascendió a finales de aquel mismo año a un selecto grupo de oficiales de los tabores de la policía xerifiana de Tánger, Tetuán y Larache. Además, en el artículo 3.º de este último proyecto, Luque aprovechó para asegurarse completa discrecionalidad en la concesión de recompensas en una nueva área de límites imprecisos: los servicios prestados en el fomento de la causa española en Marruecos38. 36  El texto del proyecto de ley lo podemos encontrar en Gaceta de Madrid n.º 146 de 25 de mayo de 1912, pp. 442-448. 37  Las dos leyes que contienen los ascensos de ambos en Gaceta de Madrid n.º 54 de 23 de febrero de 1912, p. 530. 38  La autorización al ministro para presentar el proyecto de ley de recompensas especiales a los oficiales de los tabores de policía en Gaceta de Madrid n.º 331 de 26 de noviembre de 1912, p. 521. La ley aprobada en Diario Oficial del Ministerio de la Guerra n.º 295 de 31 de diciembre de 1912, pp. 850-851. Los ascendidos fueron: a comandante, los capitanes Francisco Patxot Madoz, Pablo Cogolludo García y Juan Lopera Hurtado; y a capitán, el primer teniente Fernando Cases y Ruiz del Árbol. Hay que pensar que el famoso artículo 3.º de la ley siguió actuando en los años siguientes. Solo por poner unos pocos ejemplos de militares destacados que vieron aupadas sus carreras a través de este artículo, mencionaremos a Alberto Castro Girona, que obtuvo el ascenso a teniente coronel; a Miguel Cabanellas Ferrer, que fue ascendido a coronel; a Federico Bens Argandoña, que lo fue a teniente coronel; y volvería a repetir el mismo expediente Francisco Patxot Madoz para ascender también a teniente coronel. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 32-66. ISSN: 0482-5748


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