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LOS ASCENSOS DE GUERRA (1909-1922)… 33 Con todo ello se dio al traste definitivamente con las expectativas que la información abierta por la comisión parlamentaria presidida por Burell había levantado entre una parte importante de los profesionales de la milicia. La Correspondencia Militar se opuso a que las Cortes pudieran conceder por ley ascensos especiales, puesto que “es una insensatez el confiar en su incorruptible espíritu de justicia”39. Sin embargo, vehicular los ascensos de guerra a través de leyes votadas en Cortes resultó ser la solución recogida en la base 10.ª de la Ley de Reorganización del Ejército de 1918, a fin de cuentas el intento más serio de contentar legislativamente a las entonces recién emergidas Juntas. De todos modos, los meses iban pasando sin que la ley de recompensas presentada en mayo fuera dictaminada para su discusión en el Congreso. Para salvar algo del moribundo proyecto, el general Luque dictó un año después, en junio de 1913, una real orden circular modificando el reglamento de recompensas de guerra de 1894 para adaptarlo a nuestro esfuerzo de pacificación del nuevo Protectorado. La real orden establecía que cada jefe de unidad debía confeccionar un registro de distinguidos y publicar en la orden del día los nombres de los que hubieran sobresalido. Lo mismo harían los cuarteles generales de brigada, división y cuerpo, incluyendo en sus relaciones de distinguidos a los jefes de unidad que lo merecieran y enviando copia al general en jefe. Solo podrían figurar en las relaciones de recompensas ordenadas por el gobierno los que también constaran seleccionados como distinguidos. En cuanto a los juicios de votación, la real orden circular disponía que la junta que los efectuara fuera pública para todo aquel de superior graduación que el interesado ─tal vez para dificultar un ambiente de intimidad siempre proclive a las componendas─, al tiempo que establecía que pudieran ser llamados a informar sin voto todos aquellos que el presidente o la mayoría de los vocales considerara oportuno ─quizás intentando conferirle un tono más cercano al expediente informativo o al juicio contradictorio─. Por último, la instrucción 9.ª abría la puerta a un tratamiento especial en la concesión de promociones de guerra, de ritmo vertiginoso y sin garantías visibles, que se reservaba a supuestas hazañas de extrema importancia40. Siendo así, no pudo la real orden gozar de la estima de La Correspondencia Militar. A pesar de ver con simpatía algunos de sus aspectos, como el registro de distinguidos, el reforzamiento de las garantías 39  La Correspondencia Militar de 10 de diciembre de 1912, p. 1. Editorial sin firma titulado “Las recompensas / De mal en peor”. 40  La real orden circular modificando la aplicación del reglamento de recompensas de guerra de 25 de octubre de 1894 en Diario Oficial del Ministerio de la Guerra n.º 139 de 27 de junio de 1913, pp. 927-928. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 33-66. ISSN: 0482-5748


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