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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

34 ALBERTO BRU SÁNCHEZ-FORTÚN de los juicios de votación o la rapidez con que se sustanciaban las recompensas de los fallecidos, no podía dejar pasar la instrucción 9.ª, que, en opinión del periódico, desnudaba de garantías el proceso de formulación de propuestas, dejando las cosas igual o peor de como estaban, sin olvidar que una vez más no se había dejado claro que las recompensas solo se otorgarían al final de la campaña o por periodos anuales41. Esta era una vieja y persistente reivindicación de la familia militar que veía en ella un mecanismo de garantía contra el favoritismo “en caliente”, basado demasiado a menudo en premiar el supuesto mérito demostrado en un combate puntual. Ya no dio más de sí la gestión de Luque en el Ministerio de la Guerra. Su balance se redujo a una real orden circular que maquillaba algo el reglamento de recompensas de guerra de 1894, y su proyecto de ley sobre recompensas murió de asfixia parlamentaria, sin llegar a dictaminarse siquiera. A finales de octubre recaló en la Presidencia del Consejo el conservador Dato y Echagüe en el Palacio de Buenavista. Pero el nuevo ministro esperó a los últimos días del efímero gobierno para presentar al poder legislativo el grueso de su batería de reformas, que la muy próxima crisis ministerial inutilizó42. La que aquí nos interesa se vehiculaba a través de un modesto proyecto de ley que solo pretendía introducir, con carácter transitorio, determinadas modificaciones en la aplicación del vigente reglamento de recompensas por mérito de guerra. En la exposición se reconocía “el gran número de instancias que los oficiales promovieron con ocasión de servicios por ellos prestados en las campañas coloniales y en la de Marruecos, solicitando mejor recompensa que la recibida”. Esta era una práctica corriente que Llorens había denunciado en uno de sus discursos parlamentarios, cifrándola en el verano de 1910 en 900 instancias que esperaban resolución; y Amado simplemente la consideraba como un claro síntoma del fracaso del sistema de recompensas43. Pero toda la reforma se reducía a disponer que los juicios de votación se enviasen al Consejo Supremo de Guerra y Marina, que propondría en cada caso la recompensa a la que jefes y oficiales fueran merece- 41  La Correspondencia Militar de 28 de junio de 1913, p. 1. 42  Tuvo el ministro la buena idea de confeccionar un librito con los cinco proyectos de ley que presentaba en la sesión parlamentaria del 8 de noviembre de 1915: MINISTERIO DE LA GUERRA: Proyectos de ley para la reorganización del Ejército. Presentados á Las Cortes por el Ministro de la Guerra: Noviembre 1915. Madrid: Talleres del Depósito de la Guerra, 1915. El proyecto de ley modificando las recompensas en tiempo de guerra ocupa las pp. 52-54. 43  La afirmación de Llorens en DSC. Congreso n.º 15 de 2 de julio de 1910, p. 348. La de Amado en DSC. Congreso n.º 210 de 23 de diciembre de 1912, p. 6162. Existe un editorial sin firma en La Correspondencia Militar de 20 de julio de 1912, p. 1, titulado “Lloviendo sobre mojado / Las mejoras de recompensas”, en el que se da fe de lo extendido del problema y se cifran en 224 las peticiones denegadas hasta ese momento. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 34-66. ISSN: 0482-5748


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