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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

LOS ASCENSOS DE GUERRA (1909-1922)… 35 dores. Con respecto a la cruz de María Cristina, se establecía la limitación de que aquellos que hubieran merecido dos o más, únicamente podían cobrar en cada empleo la pensión correspondiente a una sola de ellas. Ninguno de los cinco proyectos presentados en noviembre de 1915 llegó a discutirse en las Cámaras. Únicamente el referido a reducciones de plantillas y edades de retiro, que Echagüe presentó un año antes, pudo ser objeto de discusión, aunque tampoco tuvo tiempo de convertirse en ley. Lamentablemente, solo Alcalá-Zamora hizo en el debate alguna referencia al problema de los ascensos y las recompensas, afirmando que un sistema de promociones basado o bien en la edad o en la bravura o en el favoritismo no podía funcionar, o, lo que es lo mismo, que mantener a todo trance la idoneidad de la escala cerrada o de la escala abierta era una exageración; además, por el bien del propio Ejército, convenía poner fin a la prodigalidad en las recompensas44. Con el nuevo gabinete liberal, presidido otra vez por Romanones, el general Luque tuvo una última oportunidad para aplicar sus criterios reformadores desde el Ministerio de la Guerra, pero, como siempre, la impotencia parlamentaria de aquellos años se lo impidió. El proyecto de ley orgánica militar que finalmente presentó, aunque llegó a recibir el dictamen en ambas Cámaras, no llegó a discutirse en el Congreso. Su gestación se inició con la elaboración en la Junta de Defensa Nacional de trece bases directamente inspiradas por el ministro, luego desarrolladas en un largo texto articulado obra del Estado Mayor Central, que aprovechó para enmendar severamente lo dispuesto por Luque en temas como el de los ascensos en tiempo de paz45. Porque, como en 1906, las bases del general Luque seguían insistiendo en que los ascensos ordinarios fueran por antigüedad solo hasta capitán. En los ascensos a jefe proponían reservar la quinta parte a la elección. Sin embargo, en el articulado definitivo elaborado por el Estado Mayor Central, solo se permitía la consabida selección “rigurosa”, por miedo al descontento que la elección pudiera provocar en las escalas a la menor sospecha de favoritismo. De manera que todo quedaba igual que siempre: en teoría, ascensos por antigüedad sin defectos, eso sí, previa declaración de aptitud en virtud del examen de las hojas de 44  El discurso de Alcalá Zamora en DSC. Congreso n.º 9 de 15 de noviembre de 1912, pp. 190- 198. La referencia a la prodigalidad en la concesión de recompensas en p. 197. 45  En DSC. Senado n.º 53 de 28 de septiembre de 1916, pp. 853-862, tenemos el discurso del general Luque presentando el proyecto de ley ante el Senado. Al igual que Echagüe, publicó también un folleto que recogía las bases de la Junta de Defensa, el articulado final obra del Estado Mayor Central, y las consideraciones en que se había basado este, cerrando con un pequeño trabajo referido específicamente al ejército de África, en MINISTERIO DE LA GUERRA: Antecedentes para un proyecto de ley orgánica militar que en su día ha de presentarse a las Cortes. Madrid: Talleres del Depósito de la Guerra, 1916. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 35-66. ISSN: 0482-5748


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