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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

LOS ASCENSOS DE GUERRA (1909-1922)… 41 del amplísimo movimiento en contra de los últimos años54. Porque para la verdadera alma juntera, la escala cerrada no era un mal necesario para oponerse al favor, sino una necesidad orgánica. Lo verdaderamente imprescindible era desarrollar un sentido del deber que obligase a los oficiales a ser útiles a la colectividad del arma o cuerpo, y de un sentimiento del igualitarismo que produjera “muchas medianías más que pocas notabilidades”55. De todos modos, los textos legales no eran lo auténticamente importante. La mayoría de las distintas familias militares se mantendrían tranquilas mientras continuara la actual situación: hacía ya más un año desde que se había producido el último ascenso de guerra en la castigada Infantería y no había propuestas sobre hechos posteriores al 1 de julio de 1916, ni combates que las justificaran, ni ministros que se atrevieran a desafiar a las Juntas. Este radical cambio de ambiente era lo decisivo. Sin embargo, aunque el volcán marroquí pudiera parecer apagado, no estaba desde luego extinguido. Podía entrar en erupción en cuanto el fin de la Guerra Mundial permitiera el reinicio de nuestras operaciones en el Protectorado. La tranquilidad de los espíritus no iba a durar mucho. La aparente unanimidad castrense en materia de ascensos y recompensas de guerra comenzó a resquebrajarse a principios de 1919, cuando, de la mano del general Berenguer, nuevo alto comisario en el Protectorado, se reanudaron las operaciones militares en Marruecos, aunque los primeros síntomas de un larvado descontento empezaron a emerger a finales del año anterior. Gracias a una carta que el general Jordana, alto comisario entonces, envió al ministro de Estado, Romanones, el 18 de noviembre, sabemos que la supresión de las recompensas había debilitado tanto la demanda de destinos en las fuerzas indígenas que ahora debían cubrirse en muchos casos con oficiales del turno forzoso56. El éxodo, por falta de estímulos, de tantos profesionales con experiencia y vocación africana parece que se fue agravando a lo largo de 1919, lo que obligó al alto comisario Berenguer a solicitar al Gobierno que acelerara el desarrollo reglamentario de la base 10.ª de la ley de reorganización para poder ofrecer algún tipo de recompensa a los oficia- 54  El Globo (Madrid, 1875) de 30 de abril de 1918, p. 3. El título del suelto era “Las reformas militares / Recompensas / El desencanto y la duda”; terminaba con la célebre frase de Cassola: “El Ejército debe estar organizado de suerte que nada tenga que temer de la injusticia, ni que esperar del favor”; y contenía estos versos que no nos resistimos a transcribir: “Si me rompen la testuz, / cruz; / si salgo perniquebrado, / grado; / si la acción, ni oigo, ni veo, / empleo; / y si les parezco feo / a los que mandando van / entonces no me darán / ni cruz, ni grado, ni empleo”, referidos a la guerra de África de 1859-60. 55  La Correspondencia Militar de 29 de abril de 1914, p. 1. El editorial sin firma se titula “La escala cerrada y el sentimiento del deber”. 56  GÓMEZ-JORDANA SOUZA, Francisco, Conde de Jordana: La Tramoya de nuestra acción en Marruecos. Madrid: Editora Nacional, 1976, pp. 35-36. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 41-66. ISSN: 0482-5748


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