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42 ALBERTO BRU SÁNCHEZ-FORTÚN les que se batían en África soportando salarios insuficientes, sobre todo a los heridos y a las familias de los fallecidos57. Pero, al mismo tiempo, el órgano de prensa de las Juntas de Infantería negaba la necesidad de ningún tipo de recompensa en el Protectorado58. La polémica ya estaba servida. Veinte meses después de la promulgación de la ley de bases de 1918, se publicó por fin, en marzo de 1920, el ansiado reglamento sobre recompensas59, que las Juntas seguramente habían intentado retrasar todo lo posible. Como desarrollo de la ley, la nueva norma exigía para la concesión del ascenso por méritos de guerra la formación de un expediente de juicio contradictorio abierto a propuesta del general en jefe. El candidato debía aparecer en una relación previa y pública de distinguidos. El Consejo Supremo de Guerra y Marina había de informar positivamente la propuesta presentada por el general en jefe, antes de convertirse en proyecto de ley. Asimismo, las propuestas de recompensas se formularían al final de la campaña o por periodos mínimos de seis meses; los ascensos así obtenidos darían derecho solo a la primera vacante que se produjera, y se podían permutar por la cruz del mérito militar. Sorprendentemente, los jefes de los cuarteles generales, o del personal no afecto a unidades determinadas ─ayudantes de generales, por ejemplo─, podían formular propuestas para premiar a sus subordinados (artículo 15). Seguían vivos, pues, determinados tics, pero lo esencial es que, a pesar de la aparición del reglamento, aún estaba muy lejos la voluntad política de aplicarlo. Las Juntas todavía eran muy fuertes. Al mes siguiente, en mayo, el vizconde de Eza tomó posesión del Ministerio de Guerra, y en julio decidió visitar nuestro Protectorado. Parece que en algún momento de la gira hubo de asistir a ciertas muestras de indisciplina colectiva por parte de la oficialidad, que reclamaba soluciones prontas a la cuestión de la falta de recompensas60. En la memoria que escribió sobre su viaje a las guarniciones africanas concluyó que: “El aumento 57  BERENGUER, Dámaso: Campañas en el Rif y Yebala (2 vols.). Madrid: Ediciones Ares, 1948. Vol. II, pp. 191-193, en que se recogen dos cartas que Berenguer dirigió al nuevo ministro de la Guerra general Tovar, ambas con fecha 30 de julio de 1919. En ellas se trata del peligro que supone la falta de recompensas en las unidades coloniales y el deterioro de la calidad de sus oficiales, que además padecen sueldos escasos. En p. 219, otra carta, fechada el 27 de agosto y dirigida al ministro de Estado, vuelve a insistir en la insuficiencia de los salarios. 58  La Correspondencia Militar de 4 de agosto de 1919, p. 1. El editorial sin firma lleva el título de “Nuestra acción en África / Efecto moral de los últimos combates”. 59  Gaceta de Madrid n.º 74 de 14 de marzo de 1920, pp. 940-944. En el real decreto aparecido en la Gaceta de Madrid n.º 113 de 22 de abril de 1920, p. 248, Berenguer obtuvo las atribuciones de general en jefe a efectos de propuesta de recompensas, lo que suponía otorgar al defensor de los africanistas el control de aquellas que en el futuro se elevasen al Gobierno. 60  BERENGUER, Dámaso: op. cit., vol. I, pp. 219-221. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 42-66. ISSN: 0482-5748


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