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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

LOS ASCENSOS DE GUERRA (1909-1922)… 47 ca en contra de las Juntas y a favor de los africanistas, se veía obligada a declarar con completa hipocresía: “Los organismos aludidos refiriéndose a las Juntas, nos consta así, ni se oponen a la justa concesión de recompensas que premien méritos de campaña, ni pretenden ser obstáculo a la misión depuradora de responsabilidades confiada a la discreción compulsada del general Picasso”71. Pero el problema del nuevo Gobierno durante aquellos meses consistió justamente en cómo desatascar la cuestión de las recompensas y ascensos de guerra contra la férrea oposición de las Juntas, y sin que la opinión pública o los medios parlamentarios pudieran pensar que se escamoteaba la gravísima cuestión de las responsabilidades. Fue en este ambiente que el gobierno intentó, muy pocos días después de la apertura de las Cortes, llevar por fin a la práctica los preceptos de la base 10.ª de la Ley de Reorganización del Ejército de 1918 y del reglamento de recompensas de marzo de 1920. La propuesta de ascensos de guerra que presentó al Congreso se extendía a lo largo de dos periodos de operaciones, desde el 29 de junio de 1918 hasta el 31 de octubre de 1920, y constaba de 18 agraciados72. Lo inaceptable era que la encabezaba el propio alto comisario, candidato al empleo de teniente general, de suerte que, si el proyecto de ley que presentaba la propuesta se aprobaba sin más, Berenguer quedaba moralmente a salvo de posibles responsabilidades, lo mismo que los gobiernos a cuyas órdenes había trabajado. Por lo tanto, so capa de satisfacer las reclamaciones del sector de oficiales que estaba protagonizando el esfuerzo de reconquista de las posiciones perdidas, el gobierno intentaba utilizar esta primera propuesta de recompensas para desactivar la potencialmente explosiva discusión parlamentaria sobre las responsabilidades. Pero ni la prensa73 ni las Cortes lo aceptaron. El 30 de noviembre fue el día en que comenzó, y terminó, el debate del proyecto de recompensas que tenía que apaciguar las ansias africanistas. Los oradores no ligados a la comisión dictaminadora coincidieron todos en lo absurdo de plantear recompensas antes de sustanciar responsabilidades. En especial, Indalecio Prieto demostró, entrando particularmente en varias de las recompensas propuestas, que 71  La Correspondencia Militar de 29 de agosto de 1921, p. 1. Suelto sin firma titulado “Divagaciones inadecuadas y apreciaciones injustas / Un artículo del Diario Universal”. 72  Tres de ellos habían muerto en campaña. El proyecto de ley en el apéndice 2 de DSC. Congreso n.º 79 de 25 de octubre de 1921. Obsérvese que finalmente ha quedado sin premiar todo el periodo comprendido entre el 1 de julio de 1916 y el 28 de junio de 1918. 73  Por ejemplo, El Imparcial (Madrid, 1867) de 3 de noviembre de 1921, p. 1, editorial sin firma titulado “Sanciones y recompensas / Se han invertido los términos”; y, también, la propia La Correspondencia Militar de 10 de noviembre de 1921, p. 1, editorial sin firma titulado “De actualidad político militar / La opinión profesional ante las recompensas, las responsabilidades y el funcionamiento de las Cortes”. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 47-66. ISSN: 0482-5748


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