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REVISTA HISTORIA MILITAR 119

48 ALBERTO BRU SÁNCHEZ-FORTÚN no se ajustaban ni a la letra ni al espíritu de la ley de bases de 1918. Bastó su intervención para echar por tierra el proyecto en ese momento74. Todavía era el sentir general que no podía haber recompensas ni ascensos de guerra hasta después de que se hubiera cerrado el debate responsabilista. Sin embargo, las Juntas de Infantería seguían manteniendo sobre la cuestión de los ascensos de guerra posiciones de una completa ceguera que las aislaban cada vez más del resto de colectivos militares y del público en general. En su asamblea de marzo de 1922 se reafirmaron en un ideario que ya no era defendible y que incluía un enérgico recordatorio de la opinión del arma, expresada el 30 de abril del año anterior, sobre la obligatoriedad de la renuncia a los ascensos de guerra que pudieran corresponder a cualquiera de sus adheridos. Son sobradamente conocidas las repercusiones que la confirmación de este acuerdo tuvo entre los oficiales especializados en la guerra colonial, cuya desafección hizo pública la prensa en mayo75, justo cuando se reanudaba en el Congreso la discusión del zarandeado proyecto de ascensos de La Cierva, ahora defendido por el general Olaguer Feliu, ministro del ramo en el nuevo gabinete conservador presidido por Sánchez Guerra. En este segundo intento, el proyecto, para facilitar su aprobación, venía descabezado, sin la propuesta de ascenso del general Berenguer, ni la del general Barrera76. Ahora, además, tanto en la tribuna de prensa como en la parlamentaria, se iba imponiendo la necesidad de estimular los sacrificios 74  DSC. Congreso n.º 99 de 30 de noviembre de 1921, pp. 4478-4499. El discurso de Prieto en pp. 4488-4494. En él se denuncia que uno de los propuestos, el capitán Rueda Ledesma, estuvo complicado nada menos que en el famoso asesinato, en mayo de 1915, del moro Sidi Ben Ahmed Alí Alkalay, secretario del Raisuni, lo cual da una idea de la consistencia de la propuesta gubernamental. 75  En La Libertad (Madrid, 1919) de 7 de mayo de 1922, p. 2, publica la carta que un grupo de oficiales, seguramente de la I y II banderas de la Legión, envía al presidente de la Comisión Informativa de Infantería desde el campamento de Dar Drius, con fecha 15 de abril, en que se desmarcan de las exigencias de sus compañeros peninsulares y anuncian que aceptarán las recompensas “justas” que les puedan corresponder. Esta carta va precedida y presentada por otra de su jefe, el comandante Franco, al teniente coronel Ricardo Fernández Tamarit, en la que defiende a sus oficiales y lamenta la actuación de las Juntas. La identidad del remitente y la del destinatario de esta última carta no aparecen en el periódico, pero nos las proporciona el general Luque en un discurso recogido en DSC. Senado n.º 43 de 30 de mayo de 1922, p. 918. En La Voz (Madrid) de 12 de mayo de 1922, p. 4, se informa de que el jefe de la Legión, teniente coronel Millán Astray, acaba de enviar una carta al presidente de la Comisión Informativa del Arma de Infantería en los mismos términos que la anterior. La Correspondencia Militar de 11 de mayo de 1922, p. 1, se duele de que este grave pleito de familia, que se arrastra desde los meses anteriores a Annual, se airee en plaza pública. 76  Este último había ascendido por antigüedad a general de división, según real decreto publicado en la Gaceta de Madrid n.º 75 de 16 de marzo de 1922, pp. 1122-1123, y nombrado subsecretario de Guerra al mes siguiente. Una ley especial le otorgó como antigüedad en el nuevo empleo la de 31 de octubre de 1920, en Gaceta de Madrid n.º 187 de 6 de julio de 1922, p. 58. Así pues, Barrera terminó siendo recompensado por la puerta de atrás. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 48-66. ISSN: 0482-5748


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