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50 ALBERTO BRU SÁNCHEZ-FORTÚN los empleos de guerra que les pudieran corresponder81, olvidando que la Infantería era cuatro veces más numerosa que la Artillería, seis más que los Ingenieros, y ya era notorio que carecía de la cohesión interna de esos cuerpos facultativos. El conocido incidente que protagonizaron las Juntas de Infantería a mediados de octubre en Sevilla, con ocasión de la entrega de una bandera a los Regulares de Larache, ahondó aún más su divorcio de la opinión pública y de la mayoría de los colectivos castrenses. Ese mortal aislamiento posibilitó que un mes después el gobierno de Sánchez Guerra se atreviera a presentar un proyecto de ley ante el Congreso que las disolvía por fin. Su exposición de motivos reconocía que el problema de los ascensos por méritos de campaña era lo que había dado vida a las Juntas. Consecuentemente, la norma se edulcoraba con otra nueva reforma de las recompensas de guerra y sus mecanismos de concesión. Para consuelo de los desbaratados junteros, esta enésima rectificación hacía desaparecer en el futuro la concesión de empleos como premio por méritos en campaña, sustituyéndolos por avances del 20 por ciento en las escalas. Si ello significara alcanzar el empleo superior, el agraciado se colocaría inmediatamente detrás del último con su misma antigüedad. En ningún caso podían ser renunciados estos avances, y, aunque se restablecía la cruz de María Cristina, ahora solo daba derecho a disfrutar durante cinco años una pensión equivalente a un determinado porcentaje del sueldo, según la categoría del favorecido82. Pero, aunque el proyecto consiguió la aprobación del Congreso, nunca llegó a discutirse en el Senado y el gobierno de Sánchez Guerra cayó muy poco después. Además, la hora de las Juntas había pasado y, por más que sus antiguos miembros resultasen ser un fuerte grupo de presión, ya no estaban en condiciones de fiscalizar la política de recompensas que quisiera desarrollar el inminente dictador83. 81  Ver, por ejemplo, Heraldo de Madrid (Madrid) de 18 de octubre de 1922, p. 1, en el que se recogen unas declaraciones del coronel Nouvilas, presidente de la Comisión Informativa de Infantería, exigiendo que su arma tuviese el mismo derecho que los cuerpos facultativos de poder obligar a sus miembros a permutar el ascenso de guerra por la cruz correspondiente. En el mismo sentido La Correspondencia Militar de 17 de octubre de 1922, p. 1, que ya reconoce que las Juntas han perdido la batalla de la opinión pública. 82  DSC. Congreso, apéndice 1 al n.º 101 de 14 de noviembre de 1922. 83  Una panorámica sobre la cuestión de los ascensos de guerra durante la Dictadura de Primo de Rivera en NAVAJAS ZUBELDÍA, Carlos: Ejército, Estado y sociedad en España (1923- 1930). Logroño: Gobierno de La Rioja, Instituto de Estudios Riojanos, 1991, pp. 117-156. Revista de Historia Militar, 119 (2016), pp. 50-66. ISSN: 0482-5748


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