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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 132

JOSÉ MARÍA BERÁNGER Y RUIZ DE APODACA, ALMIRANTE Y POLÍTICO la crisis del 10 de octubre de 1886 (28), y este plan sería desarrollado, en sus líneas generales, por su sucesor, Rafael Rodríguez de Arias —ministro inteligente y con carácter—, en la Ley de Escuadra de 12 de febrero de 1887, única aprobada en las Cortes en el dilatado período de relativa estabilidad política que ofrecía el sistema de alternancia en el poder de los dos grandes partidos, conservador y liberal, entre la restauración borbónica y la guerra con Norteamérica por la cuestión del Maine (29). Una vez resuelto el conflicto de las Carolinas por el laudo pontificio de octubre de 1885, España creó en aquellas islas dos centros de actividad política, militar y económica, uno en Ponapé y otro en yap, al mando de sendos oficiales de Marina subordinados al gobernador general de Filipinas. Como gobernador del archipiélago nombró al capitán de fragata Isidoro Posadillo, con residencia en Ponapé, quien llegó con una compañía del Ejército de Tierra y con la corbeta María de Molina como pontón-almacén. El 29 de julio de 1886 se botaba al agua el contratorpedero Destructor —el buque destructor de torpederos ideado por Fernando Villaamil—, en los astilleros escoceses Thompson, de Clydebank (30). Este buque, que no tenía parangón en Inglaterra, ya que, a diferencia de los demás, no obedecía al tipo Grass Hopper ni al Ratlesmake, fue entregado en Falmouth el 19 de enero de 1887, cuando ya Beránger había cesado de ministro. El mismo Villaamil, que había sido enviado a Inglaterra para intervenir en el proceso de construcción y supervisarlo, fue su primer comandante. (28) La crisis ministerial fue promovida por él mismo, junto con el ministro de la Guerra, por no estar de acuerdo con el indulto otorgado por el ejecutivo al general Villacampa, promotor de un levantamiento armado de signo republicano el 19 de septiembre de 1886, en el que seis de los implicados fueron condenados a muerte. Asimismo quedó relegada la continuación de las pruebas del submarino de Isaac Peral. (29) BORDEjÉ y MORENCOS, F.F.: Vicisitudes de una política naval. San Martín, Madrid, 1978, pp. 18 y 23. La Ley de Escuadra autorizó la construcción de 11 cruceros de 1.ª clase, 6 cruceros torpederos de 2.ª, 4 cruceros-torpederos de 3.ª, 96 torpederos de 1.ª, 42 de 2.ª y un transporte de 3.000 t, además de numerosas unidades menores con un presupuesto de 225 millones de pesetas en diez anualidades. En él no figuraba ningún acorazado, excepto el Pelayo, de 10.000 toneladas, que quedaba como único ejemplar que Antequera consiguió de las Cortes con el apoyo de Cánovas, y que fue encargado a la empresa francesa Forges et Chantiers de la Mediterranée, según el tipo Marceau, aunque con menor potencia de máquinas. Se botó en 1887, entrando en servicio al año siguiente. Contaba asimismo con otras unidades en fase de construcción. En 1894, «cuando las voces de los profesionales y de algunos núcleos de civiles advirtieron del peligro que corríamos, y hasta en el Congreso se dijese públicamente que «Cuba volvería a ser otro Trafalgar», habían fracasado aquellos proyectos «porque las sumas destinadas a las nuevas construcciones se habían dilapidado inútilmente en reformas, mantenimientos o modernizaciones de barcos viejos e inadecuados para combatir con otros similares su época» (BORDEjÉ, op. cit.) (30) Sería lamentable, si no estuviéramos acostumbrados a esta actitud inglesa de obviar los progresos navales que no sean suyos, el hecho de atribuir a la Royal Navy la primacía de este tipo de destructores, diciendo que los primeros fueron los del tipo Havock, encargados por lord Fisher el 27 de junio de 1892, cuando es evidente que esta marina reaccionó con lentitud tras este proyecto español y los torpilleurs de haute mer franceses. De hecho, el nombre de Villaamil no aparece en ninguno de los tratados navales de otros países. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 23


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