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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 132

JOSÉ MARÍA BERÁNGER Y RUIZ DE APODACA, ALMIRANTE Y POLÍTICO el buque más fuerte de la escuadra hundida en 1898 en Santiago de Cuba (52). La confusión reinante en la tipología naval de la época —los términos «acorazado » y «crucero» no estaban bien delimitados— permitió a Beránger, poco antes de la guerra hispano-norteamericana, clasificar como acorazados a las fragatas blindadas Numancia y Vitoria, a los cruceros acorazados Colón, Infanta María Teresa, Oquendo y Vizcaya, y al crucero protegido Carlos V. y de igual modo clasificó como cruceros a los cañoneros y otros buques (RD 18/08/1895), decisión que fue muy criticada. También dio un nuevo impulso a la construcción de torpederos y cazatorpederos, al considerar que tarde o temprano Estados Unidos intervendría en Cuba, y el 23 de diciembre de 1895 encargó a la firma G. Thomson de Claydebank (Escocia) dos torpederos, a los que se puso por nombres Terror y Furor. A estos seguiría el mismo año la contratación de otros dos algo mayores, el Audaz y el Osado, y de otros dos más, el Plutón y el Proserpina, que cierran la lista. La serie de torpederos se terminó en realidad con la compra de la lancha cañonera María de Molina, contratada con los Astilleros Vila y Cía., de La Graña, en Ferrol, que entró en servicio en octubre de 1896, y con otra unidad similar: la lancha Marqués de la Victoria que entró en servicio el 4 de febrero de 1897. En esta ocasión, Beránger toma una decisión de capital importancia: la creación del Estado Mayor General —órgano consultivo, no ejecutivo—, decisión a la que subyacía una poderosa razón: la inminente guerra con Norteamérica, que estallaría tres años más tarde (53). Tenía este organismo como funciones gestionar todo lo relativo a la preparación para la guerra y la movilización general de escuadras, buques, dotaciones, defensa de costas y de lo demás relacionado con estas materias, lo cual evidencia que el ministro tenía en mente la posibilidad de que España entrara en guerra. El 6 de agosto de 1895, el Infanta María Teresa, cuando salía de Ferrol para realizar pruebas de artillería, tropezó con una piedra que no estaba en las cartas de navegación, al rebasar el castillo de San Felipe, y tuvo que regresar a puerto. La decisión de Beránger de llevarlo a reparar a los Astilleros del Nervión, por haber sido construido allí, provocó la indignación popular en un Ferrol falto de trabajo. La corporación municipal dimitió en pleno y el capitán general de Castilla la Vieja y Galicia declaró el estado de guerra en la ciudad. La situación duró cincuenta y cuatro días, hasta el 23 de octubre. El 10 de marzo de 1895 tuvo lugar el todavía inexplicable naufragio del crucero Reina Regente cuando se dirigía a Cádiz desde Tánger con tiempo muy duro. josé María Beránger —que juraría como ministro de Marina dieci- (52) El Cristóbal Colón, de 6.840 toneladas, construido en los astilleros de Sestri Ponente, de la casa Ansaldo, fue entregado a España en 1897. Estaba bien compartimentado y protegido y era bastante rápido. Fue el mejor de nuestros cruceros, pero su eficacia en combate no pudo ser evaluada por carecer de artillería gruesa (dos cañones Armstrong de 254 mm), que no fue montada a causa de un antiguo pleito con la casa constructora. (53) Real decreto de 13 de julio de 1895. En este decreto se aprobaba el «Reglamento para el Régimen Interior del Ministerio». El Estado Mayor se dividía en cuatro negociados: fuerzas navales españolas, fuerzas navales extranjeras, hidrografía militar y defensa de costas. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 33


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