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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 132

ENRIQUE TAPIAS HERRERO El naufragio que vamos a describir se produjo a finales de julio, fecha ya desaconsejable para recorrer el citado paraje. Los navíos que dejaban La Habana debían buscar latitudes septentrionales, donde se encontraban los vientos alisios de poniente, que los llevarían de empopada a las islas Azores y, luego, a España. En 1709, Luis XIV retiró sus fuerzas en España, ya en la fase final de la Guerra de Sucesión, y la Corona se encontró con dificultades para continuar su tráfico comercial con Indias, dada la falta de buques de escolta. Con este motivo solicitó recursos de los comerciantes, tanto españoles como americanos, y trató de comprar infructuosamente algunos navíos al Rey Sol. España necesitaba una flota, pero esta no se podía conseguir de la noche a la mañana. A partir de este momento, personajes importantes del gobierno español, como el conde de Bergeyck o Tinajero de la Escalera, comenzaron a plantear proyectos para la construcción de una nueva escuadra. Por esas fechas se dio orden de iniciar la fábrica de seis navíos en los astilleros del Cantábrico y diez más en La Habana (2). Pero los envíos de mercancías a las Indias y la llegada de caudales de los virreinatos no podían esperar, y una forma de resolver el problema era recurrir a los asientos con particulares. Proyecto de flota del general Juan Bautista Ubilla El primero de estos asientos se llevó a cabo con don juan Bautista de Ubilla, caballero de la Orden de Santiago y vecino de El Puerto de Santa María, que era un antiguo marino de la Carrera de Indias. El 15 de mayo de 1712, la Corona firmó el mencionado contrato con Ubilla y con monsieur Chevalier dʼEon, jefe de una familia de comerciantes franceses afincados en Cádiz. Ambos se ocuparían de la organización y despacho de una flota a Nueva España. Ubilla mandaría la flota como general en funciones, al renunciar a embarcarse el comerciante francés, y don Francisco Salmón, almirante de la Real Armada del Mar Océano, ejercería entonces de almirante de la flota. Ubilla y DʼEon se habían comprometido a aprovisionar y armar dos buques de guerra de 50 a 54 cañones para navegar como capitana y almiranta, y otros dos más pequeños que navegarían como pataches. El viaje redondo pretendía cubrirse en doce meses a contar desde julio de 1712, y la Corona se comprometía a costear todo lo que fuera un retraso superior a marzo de 1713, así como a soportar los salarios de las tripulaciones y los abastecimientos durante el viaje. Deberían transportar, además de las típicas bulas y papel sellado, 4.000 quintales de mercurio, necesarios para las minas de plata; por otro lado, ambos buques estaban exentos de embarcar las pipas de los cosecheros correspondientes al tercio de frutos (3). Bernardo Tinajero de la Escalera, secretario del Consejo de Indias, además de ser el autor del proyecto para (2) Que luego se convertirían en doce. (3) Archivo General de Indias (AGI), Contratación, leg. 2342. 44 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 132


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