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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 132

AGUSTÍN RAMÓN RODRÍGUEZ GONZÁLEZ Fotografía que muestra los principales buques de la Armada en servicio en Filipinas: a la izquierda, cañonero de hélice; a la derecha, una de las últimas falúas; en el centro, goleta de hélice; a la derecha, por detrás de la falúa, un vapor de ruedas. Colección Aguilera, Museo Naval de Madrid »En efecto, con los últimos rayos de ese día, reconocí las velas avistadas, encontrando que eran dos grandes pancos de Bohol a quienes obligué a fondear en Malapascua, para lo cual les tuve que dar remolque con grandes dificultades por lo violento de la corriente y la mar y viento que reinaban, consiguiendo a las 9 que el bajo estuviese enteramente bloqueado por el S y SE como he dicho con las falúas, por el N y NE con los pancos boholanos y este vapor con máquina encendida por el E. »A pesar de nuestras esperanzas y de algunos cañonazos de las falúas, siempre que creyeron ver moverse en la playa algún objeto, al amanecer hallamos que los pancos habían desaparecido, quedando solo sus vintas, algunos comestibles, el panco incendiado y algunos cautivos que lograron fugarse en el momento del precipitado embarque de los moros, que según dichos cautivos se verificó a media noche, por entre los pancos boholanos y la costa acantilada y manglosa del N. de la playa. (y aprovechando un breve chubasco, según el parte de Morgado). »Considerando ya que por el viento NE que había reinado la dirección que habían tomado los moros, mientras quedaban las falúas recogiendo los cautivos y efectos expresados, levé y salí al NO de la isla a descubrir horizonte, y a la vista de dos puntos negros por el O, hice rumbo a ellos, forzando la máquina y dando todas las velas. »A las 9 les había alcanzado y hallado que eran dos vintas de los moros sin gente, una perteneciente al panco zozobrado el día anterior, que tenía manchas de sangre y algunas monedas. Hícelas pedazos y goberné a Malapascua a reunirme a las falúas, que trajeron a bordo diez cautivos de los pancos fugados. »Quedó una de ellas dando vueltas a la isla por si quedaba alguno extraviado, y yo remolqué la otra, fondeándola al lado del islote Chocolate, donde desembarcó, matando a cinco piratas y apresando a otros ocho...» 66 REVISTA DE HISTORIA NAVAL Núm. 132


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