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REVISTA DE HISTORIA NAVAL 132

VICTORIA SOBRE LOS PIRATAS FILIPINOS DEL VAPOR MAGALLANES EN 1857 Finaliza el parte con la relación nominal adjunta de los cautivos liberados (28 hombres y 10 mujeres, entre ellas tres menores) y de los piratas presos (un total de dieciséis), algunos de los cuales, tanto entre los primeros como entre los segundos, fallecieron como consecuencia de las heridas. Conclusión Creemos, tras lo expuesto, que el documento es muy representativo de aquellos combates sin tregua, sostenidos durante todo el siglo entre buques de la Armada y los piratas esclavistas, azotes del archipiélago. Llama la atención que, en los inicios de la propulsión mecánica, fuera labor importante de los vapores remolcar a otras unidades de vela, por evidentes motivos tácticos, y así sucedió siempre cuando unas y otras unidades participaban en la misma misión. Resulta evidente que los piratas ya habían experimentado la inmensa superioridad que daba el vapor a los españoles; por ello, los dos primeros pancos no intentan sino escapar, y lo mismo consiguen finalmente los otros tres. El combate frontal ya no tenía sentido para ellos, que hasta entonces se habían enfrentado a las falúas, más fuertes como buques, pero no muy superiores militarmente y, desde luego, menos ágiles y rápidas que los pancos. Ahora bien, los piratas tampoco podían competir en velocidad con los nuevos vapores, así que su táctica es irse a tierra y defenderse allí, confiando en que la llegada de la noche o cualquier otra circunstancia les permitese huir. Así que los españoles deben confiar en sus embarcaciones menores para acercarse y destruirlos, por el fuego de sus pequeñas piezas o incluso desembarcando en fuerza. Además, el lugar escogido por los pancos para refugiarse, protegido por una corona de escollos, impide al vapor acercarse lo suficiente para destruirlos con su artillería. Así que el peso de la acción recae sobre las embarcaciones auxiliares, que fracasan parcialmente por lo inadecuado de los montajes de sus pequeñas piezas a proa (llamados indistintamente «cañoncitos», obuses, falconetes o pedreros, y equivalentes a las lantacas del enemigo). Las falúas tampoco consiguen poco después el objetivo por la menguante marea, que les impide acercarse lo suficiente. Unamos a todo ello el despiadado carácter de la lucha entre unos y otros, el valor hasta el fanatismo de los piratas y su tenacidad, así como su gran habilidad marinera para hallar un adecuado refugio y conseguir la huida. En suma, un ejemplo muy revelador de lo que fue aquella lucha secular, pocas veces recordada y valorada como es debido, tanto por ser una auténtica y dura escuela de nuestros marinos de entonces como por presentar algunas enseñanzas que aún hoy, con luchas parecidas, pudieran ser válidas. Año 2016 REVISTA DE HISTORIA NAVAL 67


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